Historias Patagonicas

Francisco N. Juárez
fnjuarez@interlink.com.ar

Fuente: Diario de Rio Negro

Trifulca de Sheffield y Williams en Ñorquinco

Los norteamericanos se embriagaron y se tomaron a golpes, pero juntos cometieron atropellos contra terceros. El más violento, Williams, escapó, volvió cinco años más tarde y allí mató de un balazo en un ojo al británico tendero del comerciante Agustín Pujol.

Martín Sheffield -1899- cuando alborotó Ñorquinco con una gran trifulca

Hace 104 años, el 24 de enero de 1899, Juan J. Milher, Juez de Paz de la colonia 16 de Octubre, levantó un acta en Ñorquinco sobre la denuncia de la vecina Rosa Amelia Muñoz, dependiente del hacendado Ciro Marcus: los atropellos cometidos por dos norteamericanos pendencieros. El relato consumió al juez Milher los folios 139 y 140 y una copia manuscrita abrió el expediente 39 del legajo 7 de sumarios del Chubut. El polémico comisario Eduardo Humphreys actuó sólo a instancias del juez de paz. No había comisario en Ñorquinco cuando la denunciante escapó de la trifulca y tras largo viaje dejó un mensaje de auxilio en la lejana estancia Fofo-Cahuel. Como no tuvo eco se presentó al juez.

Las malas juntas

No era un "bandido yanqui" ni un cow-boy fuera de la ley. En los Andes patagónicos, a fines del siglo XIX, a Martín Sheffield se lo conocía como un rebelde joven, cazador y buscador de oro, buen jinete y domador, "bien parecido" y tocado por una cuidada barba a la sombra de su aludo sombrero. De andar rítmico -que hamacaba su Colt a la cintura- o sigiloso de a caballo -siempre tordillo-, armado a Winchester (como posó para la fotografía que ilustra esta página), solía tentarse hacia picardías y era el alborotador de toda juerga. Proclive a las bravuconadas y a las apuestas basadas en su puntería, caía en "las malas juntas". Su talismán era una estrella de sheriff por la que presumía un pasado "dentro de la ley". Más que sus armas, los pingos y los perros falderos, esa estrella fue su tesoro que, presintiendo su muerte (en 1932), cedió a su hija mayor (últimamente la detentaba un familiar residente en Bariloche).
Tres décadas atrás fotografié esa estrella policial de Texas prendida en el pecho de María Sheffield -la primogénita de Martín- cuando la entrevisté en el valle del Azul, próximo a El Bolsón y ella me vendió el último rifle de caza de su andariego padre. Ocurrió inmediatamente después que depositó unas flores en la tumba de su madre, la aborigen María de los Santos Pichún, en el cementerio de El Bolsón: había muerto poco tiempo atrás ya que sobrevivió varias décadas viuda del norteamericano.
Sheffield todavía era soltero cuando hizo la mala junta con Charles H. Williams, un buen buscador de oro pero de malos antecedentes y una precipitada salida de los Estados Unidos para evitar rendir cuentas. Cuando los dos norteamericanos bajaron de su Klondike lugareño, armados y con las maletas de Williams mortificando los costillares de un pilchero (preveía un largo viaje), las pepitas de oro -en pequeños frascos que llevaban en el bolsillo de sus respectivas camisas- tintineaban como para presagiar una inmediata libación y juerga tormentosa. Hacía cinco años que Sheffield esperaba la aprobación -nunca lograda- a su formal petitorio del 28 de marzo de 1894 ante las autoridades del Chubut para catear un terreno aurífero sobre el arroyo Lepá. La indolencia de los burócratas solía empujar a ciertos recurrentes a caer en la vida furtiva y por esa razón, entre otras, la distante Patagonia se poblaba de perfiles temibles.
Esa tarde del 15 de enero de 1899, el raleado caserío que era Ñorquinco parecía un pueblito fantasma. Ya funcionaba la tienda de ramos generales del acaudalado comerciante Agustín Pujol, también con comercio en Gastre, mitad de camino donde atender a viajeros de a caballo o de caravanas de carros que trillaban el sendero entre Puerto Madryn y las cordilleras, a donde se llegaba previo paso por la estancia Fofo-Cahuel de los ingleses.
El Ñorquinco rionegrino -por diferenciarlo del neuquino o del Ñorquín, también de Neuquén, como solían confundirlos los diarios porteños- tenía boliche pero carecía de hotel. La gentileza vecinal de hospedar forasteros constituía la solución para pasar la noche. Por entonces, los vecinos más sólidos -y con mejor cama- eran Agustín Pujol, ya aludido, y Ciro Marcus, hacendado. También se recurría a Hernán Krausse, Higinio Arancibia, Pascual Zabalera, Manuel Zabalza y Juan Meli. Eran los más prestigiosos por lo menos hasta 1903 en que llegó el telégrafo y M. Espinoza fue el encumbrado jefe de la oficina; o bien hasta que Severiano Britos logró ser comisario, cuando lo agasajó el gobernador Julio B. Lezana del Chubut en su gira de 1904. El paso de ese gobernador por Ñorquinco (el 18 de febrero de ese año, día de gran agitación) fue un paréntesis en su marcha al Nahuel Huapí, belleza también fuera de su jurisdicción -como Ñorquinco- pero imperdible. Lo acompañaron el aludido Brito, Agustín Pujol, Hernán Krausse, Julián Vicente, Carlos Foresti y el salesiano padre Mignone.

Se desata el drama

Pero aquel crepúsculo en que Sheffield y Williams se emborracharon copiosamente, el martes 15 de abril de 1899, Ñorquinco tuvo otro tipo de alboroto. Los dos norteamericanos, discutieron, pelearon, pero enfilaron para lo de Ciro Marcus, ausente de la casa. Entraron -de todos modos- con prepotencia para hospedarse a pesar de la oposición de Rosa Melia Muñoz. Esta empleada sabía que nada de lo que hicieran esos prepotentes alcoholizados en las próximas horas sería honroso, pero aceptó guardar un sombrero aludo y la medalla de sheriff que le dio Sheffield (le encargó le hiciera fundir una estrella igual a la que le entregó, quizás para que la luciera su compinche) mientras que Williams le encargó guardar su sombrero y un revólver fuera de uso. Enseguida los norteamericanos volvieron a beber y se trenzaron a los bofetones, trompadas y puntapiés.
La reyerta se calmó entre alcoholes y sueño. Sheffield se fue a la cama. Charles Williams, molesto, montó a caballo y partió a hospedarse a lo Pujol. Nadie podía calcular que ese mismo Williams, cinco años después, en el mismo lugar, mataría al dependiente de la tienda de Pujol de un balazo en un ojo. Pero esta vez estaba menos desesperado, aunque durmió poco, se levantó temprano y volvió a lo Ciro Marcus. Eran las 10 de la mañana del 16 -según el sumario- cuando hizo un disparo al aire antes de desmontar (lo que prueba que el alcohol todavía le dominaba) y muy pronto desataría la reyerta criminal.
Sheffield dormía poco antes que Manuel Pichilef, el ovejero chileno de Ciro Marcus -de 38 años, soltero- decidiera salir de "las casas" para ver la majada. Se preparaba para hacerlo cuando Williams y Sheffield ya estaban en la cocina. Cuando volvió al mediodía, como lo contó luego en el sumario, "Sheffield me preguntó por su sombrero y como le contesté que no sabía nada... agarró un látigo y con el cabo me acometió a garrotazos...". En la cocina también estaba la señora Muñoz, que amenazada por Sheffield, huyó. El ovejero de Marcus, ante semejante golpiza, corrió a la puerta pero allí le esperaba Williams que también lo golpeó. Luego agarró un hacha (de 15 centímetros de filo) y alcanzó a darle un golpe que le abrió una herida en la espalda mientras corría. Pichilef siguió su carrera herido y se desbarrancó por un arroyo donde quedó escondido. Luego escuchó cómo lo buscaban por un trigal vecino, pero se fueron.
Cuando empezó la trifulca y la señora Muñoz escapó, tampoco estaba el capataz chileno Francisco Guaiqui para ayudarla. Pichilef pasó toda la noche del 16 hasta la 3 de la mañana en el arroyo y se volvió maltrecho "a las casas" pero se tendió en una "ramada". No había amanecido el 17 de enero y ya la turbación alcohólica de los norteamericanos había pasado. Volvieron en penumbras esa madrugada a lo de Marcus, tendieron una cama para el herido y le hicieron la primera cura en la herida de la espalda. Esperaron el amanecer y Williams montó a caballo y se fue. A las 8 lo hizo Sheffield hasta lo de Pujol y regresó "diciendo que ese señor me daría todo lo que fuera necesario para la herida y asistirme...", confesó más tarde Pichilef. Sheffield partió para El Maitén. Quizás se vería a escondidas con Williams mientras los buscaban para el sumario, antes que este último fugara a Chile. Faltaba la actuación policial y el desarrollo del curioso sumario.

Curiosidades

• El 27 de enero de 1905 salió de Conesa para Choele Choel el vapor Sayhueque en el que viajaba el jefe de la escuadrilla comandante Irizar (cuestionado como toda la oficialidad que en 1892 se salvó del hundimiento de la Rosales pereciendo la marinería y que compensó su imagen con un salvataje antártico). La bajante del río parecía impedir la continuidad de a bordo.
• En el viaje del Sayhueque un corresponsal de El Diario a bordo del vapor cablegrafió: "Tuve ocasión de hablar extensamente con el señor Irizar quien me aseguró que su viaje sólo respondía a estudiar el estado de la bajante del río a fin de darse cuenta si es posible la navegación en esta época de máxima bajante y todo lo que dificulte la navegación en este estado. Sólo dos comandantes habían inspeccionado al río en su mayor bajante (el otro fue el comandante Albarracín).
• Las bajantes del río Negro trajeron muchos problemas, no tan graves como las inundaciones. Una de esas bajantes impidió remontarse hacia la cordillera al primer gobernador de Neuquén, Manuel Olascoaga y a todo su gobierno, que funcionó por casi medio año en Carmen de Patagones.

Sheffield, condenado a prisión o multa de $75

La sentencia fue firmada en Tecka el 14 de febrero de 1899 y el norteamericano -que aún daría mucho más que hablar en la región- debió agregar 25 pesos destinados a compensar a la golpeada víctima.

Martín Sheffield y su estrella Deputy Sheriff que lució en Norquinco en 1899

A los norteamericanos Martín Sheffield y Charles Williams no les faltaron problemas después de la paliza que -ebrios- le propinaron al aborigen chileno y ovejero de la majada de Ciro Marcus en Ñorquinco, después de hospedarse sin permiso, ante la ausencia del dueño de casa.
Ese 16 de enero de 1899 en que Manuel Pichilef pasó la noche maltrecho, escondido en un arroyo y amaneció tumbado junto a un corral, le costaría 16 días postrado, y a los golpeadores, una condena en el sumario de 24 páginas que se salvó de las habituales destrucciones documentales. Williams lo abatió de un hachazo en la espalda, afortunadamente leve. Arrepentidos y pasado su bochorno alcohólico, los agresores lo curaron en la madrugada siguiente. Sheffield pagó por adelantado al comerciante Agustín Pujol lo que el apaleado necesitara. Lo dejó al cuidado de su compañera (al parecer en casa de un tal Donatti) y montó a caballo hacia el Portezuelo y El Maitén.
La empleada de Marcus, Rosa Melia (por Amelia) Muñoz, que intercedió por Pichilef cuando Sheffield comenzó a pegarle, aseguró que fue amenazada por éste y corrió fuera de la casa. Volvió al día siguiente con los vecinos Hernán Krausse e Higinio Arancibia.
El peón Francisco Guaiqui también huyó y no vio nada. Al regresar encontró "tirado cerca de un corral" a Pichilef herido en espalda y cuello, y una ventana de la casa había sido forzada. La mujer comprobó que faltaban "2 calzoncillos, una camiseta de punto, un rebenque de señora, un tarro de duraznos y otro de conservas", que evaluó en 24 pesos. Williams se pondría en fuga trasandina o esperaría novedades escondido en Arroyo Las Minas (por la probable y secreta visita de su compinche).

Estrella de sheriff

La Muñoz partió dos días después de la trifulca (19 de enero) hasta la estancia inglesa Fofo-Cahuel. Le dejó al contable un mensaje para el comisario del Departamento. La actuación sumarial del hecho perpetrado en territorio de Río Negro la hicieron funcionarios de Chubut. El juez de paz Juan J. Milher, que se constituyó en Ñorquinco el 24 de enero, era de la chubutense Colonia -galesa- 16 de Octubre, y la declaraciones que tomó el comisario Eduardo Humphreys en el sumario policial, mantienen el sello de su comisaría en el Territorio del Chubut, aún la que le tomó a la señora Muñoz en Ñorquinco.
La Muñoz relató al juez el inicio de la pelea, su huida. Le entregó un revólver descompuesto que Williams le dejó en custodia y avisó que quedaba "en su poder una estrella al parecer de plata como de cinco centímetros con la inscripción Deputy Sheriff y un sombrero", pertenencias de Sheffield (joven en la foto de esta página, y su estrella, tal como la fotografié en 1971).
También le dijo al juez que Sheffield violó la ventana y la segunda noche durmió junto a Williams y al herido.
Pichelef confesó que Williams fugó tras la segunda noche -con pilchero y valijas- a Chile y Sheffield buscó en lo de Pujol medicamentos, hizo arreglos para su cura y partió a El Maitén.
El 31 de enero de 1899 llegó la denuncia al comisario Eduardo Humphreys. Recién el 6 de febrero se constituyó en Ñorquinco, interrogó a la denunciante -que ratificó sus dichos- y a la víctima. Pichelef (chileno, ovejero de Ciro Marcus, de 38 años, soltero) le dijo al comisario que los norteamericanos estaban embriagados, ratificó lo demás y, por analfabeto, firmó el acta Nicanor Vergara.
Francisco Guaiqui, peón de Ciro (o Cirus, como figura en su pedido de marca de ganado) Marcus, dijo ser chileno, de 54 años y soltero. Intentó la primera noche separar a los norteamericanos trabados a puñetazos, ratificó ante Humphreys las generalidades de la denuncia y por él firmó el acta John H. Davies.
En la misma jornada, y por falta de médico, Humphreys pidió por nota a los vecinos Pascual Zabalza y Agustín Pujol que oportunamente reconocieran el estado y gravedad del herido. Pero Pichilef había dejado la cama y marchó de a caballo una distancia de 30 cuadras hasta lo de Marcus. Eso lo desmejoró. Aún así Zabalza y Pujol lo hallaron casi curado porque "a nuestro parecer no es de gravedad, estando las heridas de la cabeza completamente sanas y la que presenta a la espalda por ser la mayor, está sin cicatrizar, creyendo que en pocos días más (estará) completamente sano..." La nota no está fechada y al mencionar la casa donde vieron al herido tacharon "Donatti" y pusieron Marcus. Firmaron y remitieron el informe a Súnica, donde Humphreys logró interrogar a Sheffield después de detenerlo. En la novena carilla del expediente (que está mal foliado) figura con fecha 10 de febrero de 1899 el interrogatorio al norteamericano.

Declara el cow-boy

Sheffield dijo tener 31 años, ser soltero y hacendado. Ignoró todo lo que podía agravar su situación y aseguró que fue el peón chileno el que en estado de embriaguez lo abofeteó y también a Williams. Luego corrió hasta un trigal y volvió con un garrote con el que atacó a Williams.
Su versión mostraba otra cara de la pelea pero no eludía la fiereza de Williams con el hacha. Confirmó que este último había fugado a Chile "por haber herido al indio" y señaló los arreglos con Pujol para curarlo. "¿Pero por qué volvieron a lo de Marcus? ¿les había quedado algo?" le preguntó Humphreys. Sheffield contestó que quedó "una estrella de plata que le había prestado a la señora Muñoz para mandar a hacer otra igual" y Williams había dejado "un sombrero, un revólver y sus maletas".
Como el informe evidenciaba falta de gravedad, Humphreys elevó el sumario al juez el 13 de febrero, y "habiéndose fugado Williams" sólo puso a disposición a Sheffield. Lo recomendó como "un individuo muy provocativo y reincidente en estos casos". El itinerante juez de paz Juan J. Milher se declaró competente al día siguiente en Tecka, hizo ratificar allí a Sheffield de sus dichos y con urgencia nada judicial produjo ese mismo día la sentencia. Por los hechos que motivaban la causa y por ser "un individuo provocativo y reincidente de prisión, condeno a Martín Sheffield a sufrir quince días de prisión o 75 pesos de multa más 25 pesos que pagará al ofendido Pichilefo (sic)...". A Williams lo condenó en ausencia -a doble prisión y pagas- y les prohibió volver a la casa de Ciro Marcus "bajo pena de 50 pesos cada vez que lo verifiquen".
Sheffield se notificó con su ampulosa rúbrica en Tecka y al día siguiente pagó allí la multa de 75 pesos y la compensación a Pichilef de 25. Se sabe que la multa llegó a las arcas del gobierno de Chubut por el acuse de recibo suscripto en Rawson por Ithel Berwyn el 27 abril siguiente, y porque los 75 pesos ingresados al arca territorial se destinaron al "fondo de Puentes y Caminos".
Lo que nunca podrá comprobarse es si los 25 pesos le llegaron alguna vez al pobre Pichilef. La duda más benévola hace pensar que no sucedió jamás: Sheffield pagó los 25 pesos en Tecka el 15 de febrero y el 17, en Súnica Humphreys asentó: "En la fecha se hace entrega a Manuel Pichilef de 25 pesos pagado por M. Sheffield en cumplimiento...En este estado Manuel Pichelef manifiesta no saber firmar y pide al señor Humphreys que lo haga a su ruego". Pichilef no estaba en Súnica, sino convaleciente en Ñorquinco.
Un dato para la historia burocrática: es posible que otro sumario por el mismo tema haya corrido en Bariloche, ya que el 13 de julio de 1899 el juez letrado del Chubut Manuel Pastor, ofició al juez "de igual clase de Bariloche sobre competencia" para que le remitiera actuaciones respecto del incidente Sheffield - Williams.

 

Curiosidades

* Los diarios porteños de hace un siglo historiaron las proezas de exploración del río Negro. Según el Tribuna del viernes 6 de febrero de 1903 sus colegas olvidaron "mencionar el viaje realizado en el año "79 (por 1879) en el vaporcito Triunfo por el hoy comodoro Enrique Howard, actual intendente de Marina, y el cual debe ser recordado como un estímulo a los oficiales de la Armada que lo hicieron. Ese vaporcito -agregaba la nota- fue el primero que remontó el río Negro hasta pocas leguas debajo de Fico-meno-có, hoy Fuerte Roca. A su paso por la costa de Choele Choel las fuerzas que allí se encontraban al mando del entonces coronel Villegas le presentaron las armas formadas en línea de batalla".

Intentos para instalar una colonia norteamericana

El dentista y vicecónsul de los Estados Unidos George Newbery lideró en 1903 y 1904 la campaña para instalar una colonia de vaqueros del Viejo Oeste en la Patagonia. La polémica resonó en Ñorquinco y los diarios capitalinos tomaron partido en favor y en contra de este plan colonizador

Aviso como dentista del vicecónsul de Estados Unidos que propiciaba la colonia norteamericana.

Ñorquinco, El Bolsón, Cushamen y Cholila se convulsionaron ante el anuncio de instalación de una colonia norteamericana. El intento -finalmente frustrado- arrancó en 1903 y polemizaron pobladores, funcionarios y editores de diarios. Alcanzó su punto crítico en Ñorquinco, Río Negro, cuando el gobernador del Chubut Julio B. Lezana se instaló unos días en su gira de 1904. Allí escuchó a los airados pobladores de la región contrarios a la "colonia yanqui". Poco antes, el buscador de oro y vaquero Martín Sheffield cometió un par de picardías y Charles Williams -que en 1899 aplicó un hachazo en los costillares del peón chileno Pichilef- en 1904 cometió un asesinato. Así salpicaron a sus connacionales pioneros y honrados, y sin proponérselo, ayudaron a sepultar el plan colonizador.
Lideraba el proyecto el vicecónsul norteamericano George H. Newbery, dentista neoyorquino de 47 años cuyo hermano mayor Ralph -de 55- llegó antes a Buenos Aires y fue padre del héroe de la aviación nativa. También tuvo la primera idea de poblar la Patagonia con vaqueros norteamericanos. Los pioneros de toda nacionalidad que aguardaban la entrega de títulos de la Oficina de Tierras (en Florida 725) presintieron que esta vez serían desalojados. Explotó la polémica, los políticos diferenciaron sus enfoques del "gobernar es poblar" y los diarios tomaron partido.

Dentaduras y dentelladas

Sólo la historia de la instalación en la Argentina de los dentistas neoyorquinos Ralph Lamartine y George Harkness Newbery merecería un par de volúmenes sobre su vida de dentistas itinerantes y autores de los primeros folletos en Buenos Aires sobre odontología y postizos (el primero por Ralph en la imprenta de M. Biedma en 1878 y el de George en 1899). En su huella están las pistas de la pasión patagónica de los Newbery (Ralph murió el 25 de abril de 1906 buscando oro en Río Grande) y su vinculación con los norteamericanos -buenos y malos- que pusieron rumbo sur.
Pero si se evoca la fechoría de los norteamericanos Martín Sheffield y Charles Williams de enero de 1899 en Ñorquinco, el lugar parece estratégico: será el escenario de la estridencia de los viejos pobladores de tierras fiscales, sin títulos y legítimos enemigos de la propuesta por basar la Colonia Norteamericana (también señalaban que muchos norteamericanos ya arribados dejaban mucho que desear). Los diarios tomaron partido: La Prensa, a favor de la Colonia y La Nación de los opositores. Duró meses.
En enero de 1903 el Ministerio de Agricultura puso en venta grandes extensiones fiscales para ser pobladas con arreglo a la nueva ley agraria. El 11 de octubre de ese año La Prensa criticó el criterio oficial de entrega de tierras en pastoreo. Dijo La Prensa que sólo 59 leguas habían sido compradas por pobladores o latifundistas -decía no saberlo bien- y aducía que las tierras las rechazaban extranjeros con capital. "Varios inmigrantes del Oeste de los Estados Unidos -puntualizó- han llegado con capital y resueltos a radicarse... dedicándose a la cría de ganados" (LP no aludía -por desconocerlo, claro- que así ya residían en Chubut tres sigilosos asaltantes de bancos).
"Fueron al Chubut -continuaba el diario- y encontraron que las tierras ofrecidas en venta por el gobierno no servían para el pastoreo y cuando pidieron al Ministerio adquirir tierras libres en otros parajes, el ministro les contestó que no había disponibles...". La nota señala que entonces los vaqueros norteamericanos siguieron más al Oeste. En tono editorial puntualizó que eran los que venían a traer riquezas (los tres que llegaron a Cholila con 30 mil dólares se llevaron una cantidad mayor en dos asaltos). Finalmente, La Prensa advirtió que 6 norteamericanos "se encuentran en la Colonia Roca y esperan medios de movilidad para ir a reunirse con sus compatriotas..."
El 1° de diciembre de ese mismo año La Prensa defendió no sólo a los inmigrantes norteamericanos ya arribados sino a los "dispuestos a trasladarse a esta República" con capitales. Y agregó que el "vicecónsul de aquella nación en la Argentina, señor Newbery (por George) y el Sr. Hiran Kribs han acudido al Gobierno en representación de sus compatriotas pidiendo se les reserve y designe una zona de terreno como se ha hecho con los colonos boers (afincados en Camarones)... Y como algunos de los norteamericanos ya están ubicados" requerían las tierras que se extendían entre la inmensidad poseída por la South American Land Co. Limited, la frontera con Chile, la colonia Nahuel Huapi y la zona de lago Cholila", nada menos.

El lejano oeste

La reacción tardó hasta el 7 de enero de 1904 cuando La Nación publicó el telegrama despachado el día anterior desde Ñorquinco. "Ha causado gran sorpresa y disgusto entre los pobladores de esta región -decía el corresponsal- un suelto publicado en un diario de la mañana de esa capital (La Prensa) en diciembre próximo pasado, apoyando la petición de media docena de familias norteamericanas que han solicitado al gobierno tierras en Cholila y El Bolsón..." y argumentando estar despobladas. Sostenía el artículo que, en cambio, allí había no menos de 84 familias pobladoras de diferentes nacionalidades, incluso argentinos y que un año antes se habían dirigido al Ministerio de Agricultura renovando el requerimiento de compra, la creación de un pueblo y aludiendo a los sembrados y ganados que tenían. "Los vecinos -ironizaba el corresponsal- creen que por lo menos se les tratará en iguales condiciones que a los boers" que venían de una guerra adversa y se lo acogió generosamente.
George Newbery entusiasmado con la colonia, obvió los consejos del agente Pinkerton que había pasado pocos meses antes por Buenos Aires y advirtió sobre la peligrosidad de algunos de esos "hacendados" norteamericanos). Ignoraba, además, que Charles Williams estaba nuevamente "en zona" (como se diría ahora). Williams zarandeaba lechos auríferos en los arroyos tributarios del río Chubut. Guardaba un escondido rencor contra Guillermo Brincke, el empleado de la tienda de Agustín Pujol. Por eso lo deseable era que no bajara a Ñorquinco. Podía ser fatal.
Ya en septiembre del año 3 su compinche Martín Sheffield, nada criminal pero burlón y camorrero, se hospedó en Ñorquinco y no dejó bien parados a los norteamericanos.
La Nación publicó el 10 de septiembre de 1903 un telegrama del día anterior despachado desde en aquella localidad que decía: "Anteayer fue detenido por el comisario Brito, Martín Sheffield, norteamericano, de triste celebridad por los continuos atropellos que ha hecho víctima a los vecinos de los territorios de Río Negro y Chubut.
Los dos últimos hechos que motivaron su prisión -puntualizaba el matutino- son un tiro disparado al vecino Martín Rojas cuyo proyectil le perforó la copa del sombrero y una intimación, revólver en mano, hecha a don José Garza, encargado de la casa de negocio de los señores Nicanor Fernández y Cía. en ésta para que le entregara varias mercaderías. El detenido fue conducido hoy a Rawson". La noticia concluía aludiendo la satisfacción vecinal por librarse de "un individuo tan peligroso". En realidad, la mayoría de esas "proezas" las emprendía Sheffield como desafíos para ganar apuestas.
Apenas despuntó el año 1904 el gobernador del Chubut preparó su gira al lejano Oeste (cordillerano). Por entonces simpatizaba con la idea de la "colonia americana" como se la llamaba.
Varios diarios criticaron la gestión de gobierno de Lezana en los primeros días de ese año y La Prensa del 9 de enero catalogó las críticas de sus colegas como injustas. Dos días después replicó La Nación: "La gobernación del Dr. Lezana va caracterizándose por la frecuencia de los abusos cometidos por sus empleados". Después de la borrasca, el gobernador, su Jefe de Policía Julio Fougere, el salesiano padre Mignone y comitiva, iniciaron el 21 de enero una gira complicada.

Curiosidades

* Al final de esta semana pero de 1904 el comisario de Trelew, que se negaba a recibir la queja del jefe de tráfico del Ferrocarril del Chubut (Jones), se alteró al llegar ejemplares de La Nación de 5 de febrero. La noticia decía: "Noches pasadas el señor Jones... notó que le faltaba alfalfa en su chacra y siguiendo los rastros comprobó que dicho forraje era llevado a la comisaría de Trelew". Aclaraba que la negativa del comisario determinó la presentación de Jones ante el Juzgado Letrado.
* En el mismo ejemplar del diario se leía que "la inmoralidad de algunos comisarios de campaña llega al punto de entregar cartas de recomendación a los presos que remiten a esta capital (por Rawson) para que nombren defensores".
* La instalación de una colonia agrícola y ganadera en la Patagonia, no sólo se intentó en 1904. Doce años después, Percy C. Pickrell propuso formarla en una extensión de 50.000 a 100.000 hectáreas (lo publicó La Prensa del 19 de mayo de 1916).
* Agustín Pujol fue un personaje comercialmente importante. Su tienda en Ñorquinco funcionaba casi como banco de los ganaderos, contratación de servicios varios (además del almacén de ramos generales) y centro de información. El periódico La Cruz del Sur del 16 de abril de 1905, editado por los salesianos en Rawson, indicó que "Pujol vendió sus propiedades en 250.000 pesos".

Gira, crimen y final de la colonia norteamericana

La presión de los pobladores contra la nueva colonia obligó al gobernador del Chubut a reclamar ante el gobierno central.
El asesinato que poco después cometió el norteamericano Charles Williams ayudó a sepultar el plan colonizador.

Una familia norteamericana en un alto en el viaje por la Patagonia hacia la cordillera

Una gira gubernamental en la Patagonia era, en 1904, una aventura de a caballo, tramos en carruaje y noches de vigilia a la intemperie. La que emprendió por su territorio el gobernador el Chubut Julio B. Lezana arrancó el 21 de enero de ese año 4, y su primera etapa fue dedicada al sur de sus dominios. Luego siguió hacia la cordillera. Los principales acompañantes fueron el Jefe de Policía Julio Fougere y el salesiano padre Mignone. Cuatro días después se produjo una discrepancia entre el gobernador y Fougere, porque Lezana quería mantener al comisario Miranda de la Colonia Sarmiento, conocido por sus abusos.
La gira continuó y el 11 de febrero marchaban camino de Ñorquinco a la vez que en Buenos Aires La Nación publicaba un telegrama de Rawson sobre la fuerte impresión que causaron las críticas periodísticas respecto de la situación del territorio "debido a la falta de tino del gobernador Lezana" y el éxodo de pobladores.

Maquillaje sin colonia

El 13 de febrero a las 11 de la mañana llegó el gobernador y comitiva a Ñorquinco. Doscientos pobladores y algunas autoridades locales mezclaron "aclamaciones y vítores", según telegrafió el corresponsal de La Nación. La crónica señalaba que el gobernador permanecería allí algunos días "para recorrer los alrededores y conocer el Bolsón de Cholila (sic). Se muestra muy satisfecho por no haber recibido en lo que va del recorrido, ninguna queja contra sus subalternos". Pero debió escuchar la primera demanda de varios vecinos que le solicitaron "interponga su valiosa influencia ante el supremo gobierno para que éste respete los derechos de los antiguos pobladores, o que sean preferidos a los que ahora vienen a poblar". Era el tema de la colonia norteamericana que La Prensa del mismo día aludió pero sin eufemismos, a pesar de defender la instalación de esos vaqueros. Señaló que los antiguos pobladores pidieron que "no se conceda a los colonos norteamericanos la concesión pedida de cincuenta leguas de tierra". Argumentaron que si eso era posible, también lo era venderles tierras a quienes la poseen desde hace muchos años y han adquirido lógico derecho de preferencia.
El clamor de los pobladores continuó y un día después La Prensa, que antes había dedicado editoriales a favor de una colonia norteamericana en la Patagonia que propiciaba el vicecónsul norteamericano George H. Newbery, cambió de postura al mismo tiempo que lo hizo el gobernador. Consultado en Ñorquinco el 14 de febrero (y publicado el 15), eligió la cautela. Lezana prefirió sugerir que "antes de autorizarse la creación de la colonia norteamericana y determinar su asiento, un empleado de la división de Tierras y colonias inspeccione el Territorio y vea las cosas de cerca, pues hay mucho espacio donde puede fundarse la colonia... sin que haya necesidad para ello de cometer una injusticia con los de casa". El mismo día La Nación incluyó dos telegramas que el gobernador Lezana despachó desde Ñorquinco. Uno para el presidente Roca y el otro para el Ministro del Interior Joaquín V. González. En el primero señaló que los vecinos de Ñorquinco, Bolsón, Cushamen y Cholila, reunidos frente a él, le pidieron creara juzgados de paz en las poblaciones señaladas y en los establecimientos de la Cía de Tierras (de los ingleses, que esa semana le vendieron 4.000 capones al frigorífico de Bahía Blanca). El telegrama puntualizaba que la comarca en cuestión tenía un radio de 40 leguas de la "zona más poblada, más rica y de más porvenir de la cordillera".
Junto a Lezana estaba con el fiel comisario de Ñorquinco, Severiano Britos, que "todos desean que ocupe" el cargo de juez de paz y así lo propuso en el telegrama. El dirigido al Ministro del Interior, aludió a las poblaciones, la riqueza y futuro regional, sirvió para remarcar la antigüedad de asentamiento de agricultores y hacendados del lugar, "alarmados con las gestiones que hacen algunos norteamericanos para que se les conceda las tierras...", a la vez que propuso el envío de un empleado de Tierras (oficina de Agricultura) y advirtió no "cometer una injusticia con los de casa". La Nación volvió sobre el tema el 19 de febrero (Lezana acababa de visitar la escuela de Cushamen) y reiteró la presentación de lo pobladores al ministro, dando como ya adjudicada la concesión por el Ministerio de Agricultura a una empresa norteamericana y que "se espera la venida del ministro Escalante, que veranea en Mar del Plata, para tratar el asunto en forma equitativa".

El desquite, sin oro

Ni Ñorquinco ni Nahuel Huapi pertenecen, claro, al Chubut. Sin embargo Lezana, su comitiva y los vecinos Severiano Britos, Herman Krausse, Julián Vicente, Carlos Foresti y Agustín Pujol, marcharon el 18 de febrero rumbo al lago. El 21 navegaron en El Cóndor y visitaron Bariloche, Blest y el comercio de Jones. El 24, desde la estancia Maquinchao, el gerente de la estancias inglesas Francisco Preston mandó un galopante chasqui hasta Pilcañú (sic) con un telegrama dirigido al administrador Carlos Hacket con sede en Leleque para que "busque un poco de vino en lo de Pujol, también una botella de whisky" seguramente para agasajar el paso del gobernador y prometiendo llevar "algunas cosas más" (un bote hasta el laguito cerca de Cholila para paseo de las visitas).
El 29 de febrero -año bisiesto- Ñorquinco fue una fiesta: asadores bien clavados y bebida abundante en el banquete de despedida al gobernador que salió al día siguiente para El Bolsón y Cholila. La gira entró en una etapa memorable.
La tradición oral sostiene que Charles Williams, el pendenciero buscador de oro norteamericano, fue amenazado por el comerciante Pujol a través de su empleado y Williams prometió vaciarle un ojo de un balazo. El 21 de abril de 1904 Williams bajó desde los arroyos auríferos hasta el comercio de Pujol, cuando el barullo de la gira del gobernador se había acallado. Allí solía pagar sus tragos con el oro pepeado, pero venía de tener pocos resultados. Necesitaba provisiones y alcohol, para compensar la mala suerte. Iba por el desquite.
Lo que sucedió esa jornada lo contaron muchos días después los diarios capitalinos. "Fue asesinado en esta localidad (por Ñorquinco) el empleado del señor Pujol, Guillermo Brinch (sic) por Charles Williams, minero norteamericano. El comisario Britos remitió al criminal a Rawson. El vecindario está consternado, pues todos los años, desde 1902 se producen hechos de sangre". La colonia norteamericana propuesta, también estaba herida de muerte.
El juicio criminal se ventiló en Rawson, Chubut.

Una gira gubernamental en la Patagonia era, en 1904, una aventura de a caballo, tramos en carruaje y noches de vigilia a la intemperie. La que emprendió por su territorio el gobernador el Chubut Julio B. Lezana arrancó el 21 de enero de ese año 4, y su primera etapa fue dedicada al sur de sus dominios. Luego siguió hacia la cordillera. Los principales acompañantes fueron el Jefe de Policía Julio Fougere y el salesiano padre Mignone. Cuatro días después se produjo una discrepancia entre el gobernador y Fougere, porque Lezana quería mantener al comisario Miranda de la Colonia Sarmiento, conocido por sus abusos.
La gira continuó y el 11 de febrero marchaban camino de Ñorquinco a la vez que en Buenos Aires La Nación publicaba un telegrama de Rawson sobre la fuerte impresión que causaron las críticas periodísticas respecto de la situación del territorio "debido a la falta de tino del gobernador Lezana" y el éxodo de pobladores.

Maquillaje sin colonia

El 13 de febrero a las 11 de la mañana llegó el gobernador y comitiva a Ñorquinco. Doscientos pobladores y algunas autoridades locales mezclaron "aclamaciones y vítores", según telegrafió el corresponsal de La Nación. La crónica señalaba que el gobernador permanecería allí algunos días "para recorrer los alrededores y conocer el Bolsón de Cholila (sic). Se muestra muy satisfecho por no haber recibido en lo que va del recorrido, ninguna queja contra sus subalternos". Pero debió escuchar la primera demanda de varios vecinos que le solicitaron "interponga su valiosa influencia ante el supremo gobierno para que éste respete los derechos de los antiguos pobladores, o que sean preferidos a los que ahora vienen a poblar". Era el tema de la colonia norteamericana que La Prensa del mismo día aludió pero sin eufemismos, a pesar de defender la instalación de esos vaqueros. Señaló que los antiguos pobladores pidieron que "no se conceda a los colonos norteamericanos la concesión pedida de cincuenta leguas de tierra". Argumentaron que si eso era posible, también lo era venderles tierras a quienes la poseen desde hace muchos años y han adquirido lógico derecho de preferencia.
El clamor de los pobladores continuó y un día después La Prensa, que antes había dedicado editoriales a favor de una colonia norteamericana en la Patagonia que propiciaba el vicecónsul norteamericano George H. Newbery, cambió de postura al mismo tiempo que lo hizo el gobernador. Consultado en Ñorquinco el 14 de febrero (y publicado el 15), eligió la cautela. Lezana prefirió sugerir que "antes de autorizarse la creación de la colonia norteamericana y determinar su asiento, un empleado de la división de Tierras y colonias inspeccione el Territorio y vea las cosas de cerca, pues hay mucho espacio donde puede fundarse la colonia... sin que haya necesidad para ello de cometer una injusticia con los de casa". El mismo día La Nación incluyó dos telegramas que el gobernador Lezana despachó desde Ñorquinco. Uno para el presidente Roca y el otro para el Ministro del Interior Joaquín V. González. En el primero señaló que los vecinos de Ñorquinco, Bolsón, Cushamen y Cholila, reunidos frente a él, le pidieron creara juzgados de paz en las poblaciones señaladas y en los establecimientos de la Cía de Tierras (de los ingleses, que esa semana le vendieron 4.000 capones al frigorífico de Bahía Blanca). El telegrama puntualizaba que la comarca en cuestión tenía un radio de 40 leguas de la "zona más poblada, más rica y de más porvenir de la cordillera".
Junto a Lezana estaba con el fiel comisario de Ñorquinco, Severiano Britos, que "todos desean que ocupe" el cargo de juez de paz y así lo propuso en el telegrama. El dirigido al Ministro del Interior, aludió a las poblaciones, la riqueza y futuro regional, sirvió para remarcar la antigüedad de asentamiento de agricultores y hacendados del lugar, "alarmados con las gestiones que hacen algunos norteamericanos para que se les conceda las tierras...", a la vez que propuso el envío de un empleado de Tierras (oficina de Agricultura) y advirtió no "cometer una injusticia con los de casa". La Nación volvió sobre el tema el 19 de febrero (Lezana acababa de visitar la escuela de Cushamen) y reiteró la presentación de lo pobladores al ministro, dando como ya adjudicada la concesión por el Ministerio de Agricultura a una empresa norteamericana y que "se espera la venida del ministro Escalante, que veranea en Mar del Plata, para tratar el asunto en forma equitativa".

El desquite, sin oro

Ni Ñorquinco ni Nahuel Huapi pertenecen, claro, al Chubut. Sin embargo Lezana, su comitiva y los vecinos Severiano Britos, Herman Krausse, Julián Vicente, Carlos Foresti y Agustín Pujol, marcharon el 18 de febrero rumbo al lago. El 21 navegaron en El Cóndor y visitaron Bariloche, Blest y el comercio de Jones. El 24, desde la estancia Maquinchao, el gerente de la estancias inglesas Francisco Preston mandó un galopante chasqui hasta Pilcañú (sic) con un telegrama dirigido al administrador Carlos Hacket con sede en Leleque para que "busque un poco de vino en lo de Pujol, también una botella de whisky" seguramente para agasajar el paso del gobernador y prometiendo llevar "algunas cosas más" (un bote hasta el laguito cerca de Cholila para paseo de las visitas).
El 29 de febrero -año bisiesto- Ñorquinco fue una fiesta: asadores bien clavados y bebida abundante en el banquete de despedida al gobernador que salió al día siguiente para El Bolsón y Cholila. La gira entró en una etapa memorable.
La tradición oral sostiene que Charles Williams, el pendenciero buscador de oro norteamericano, fue amenazado por el comerciante Pujol a través de su empleado y Williams prometió vaciarle un ojo de un balazo. El 21 de abril de 1904 Williams bajó desde los arroyos auríferos hasta el comercio de Pujol, cuando el barullo de la gira del gobernador se había acallado. Allí solía pagar sus tragos con el oro pepeado, pero venía de tener pocos resultados. Necesitaba provisiones y alcohol, para compensar la mala suerte. Iba por el desquite.
Lo que sucedió esa jornada lo contaron muchos días después los diarios capitalinos. "Fue asesinado en esta localidad (por Ñorquinco) el empleado del señor Pujol, Guillermo Brinch (sic) por Charles Williams, minero norteamericano. El comisario Britos remitió al criminal a Rawson. El vecindario está consternado, pues todos los años, desde 1902 se producen hechos de sangre". La colonia norteamericana propuesta, también estaba herida de muerte.
El juicio criminal se ventiló en Rawson, Chubut.

Curiosidades

La captura en el Chubut del bandolero Asencio Brunel en febrero de 1905 produjo revuelo y los matutinos de Buenos Aires hicieron mérito de la acción del comisario Eduardo Humphreys (era corresponsal espontáneo de uno de ellos). El policía, que iba a ser exonerado por su indolencia, no tuvo mérito en el apresamiento de Brunel.
* El vespertino El Diario del 18 de febrero de ese 1905 se hizo eco de otro corresponsal espontáneo que corrigió aquellos datos. "Un poblador de la cordillera nos escribe desde el Chubut -apuntó el vespertino- extrañando la forma como se ha hecho pública la prisión del bandido Asencio Bonnell (por Brunel), versión que atribuía rasgos de heroísmo a la policía de 16 de Octubre. Nos dicen que ella es falsa, como también que haya participado con la debida energía y solicitud el comisario señor Eduardo Humphreys". El bandido había pasado "a poca distancia del puesto de nuestro informante, acusando este hecho la desaparición de haciendas y caballos. Avisada la policía de su presencia -decía el remitente- no dio señales de actividad...". El poblador hizo su pesquisa dando con el refugio del "bandolero de los bosques".
* El colaborador epistolar del Chubut agrió su comentario denunciando que el comisario Humphreys envió a su hermano acompañado de algunos milicos que se hospedaron en el puesto del poblador. Pero como las carneadas y robos no se podía disimular, emprendieron la persecución del malhechor, y pronto lo dejaron tranquilo. Fueron los vecinos sin compañía de autoridad alguna quienes formaron la partida. El denunciante mandó a su peón "Fortunato Cruz, que junto con Candelario Vargas y Manuel Jara, apresaron al bandido... La única intervención del comisario fue cuando le fue llevado el aprendido, a quien le dijo ¿Cómo te va Asencio? Y este le contestó: ¿Cómo te va, che Eduardo?".
* El Candelario Vargas, mencionado precedentemente, era hermano de Pío Quinto Vargas, pendenciero del Corcovado.
* El 21 de febrero de 1880 el Tribuna publicó la dramática carta del perito Moreno a Lucio V. López. "Tolderías de Shayhueque, río Caelufú, enero 31 de 1880. Mi querido Lucio: compare mis cartas de Cashtne y Teck"a con estas líneas. Estoy preso y lo fui al pie del Monte López en Nahuel Huapi: Lea mi carta al viejo, mi padre. Qué hermoso día fue ese en que me permití honrar su apellido en la persona de su abuelo, el autor del himno inmortal que me dará siempre ánimo. No estoy afligido y espero verme libre pronto. Trabajé por ello. No crean que me encuentro en serio peligro. Escriba a Miguel Cané y hágale presente esto. Mis afectos a su padre. Y un abrazo de su amigo F.P. Moreno. Jefe de la Comisión Exploradora de los Territorios Australes".

Los buscadores de oro no tienen paraíso

La codicia le trajo al pendenciero Charles Williams, mala vida y cárcel y al buen minero Ramón Riquelme, una dolorosa soledad.

Desde principios del siglo pasado la vida en las cordilleras de Río Negro y de Chubut no era fácil. A las dificultades opuestas por el clima, se agregaba el peligro de ser despojado de bienes -y hasta de vida- por bandidos. Pero las armas de toda marca, Colt, Winchester y Smith & Weson, entre otras, no eran mal vistas en cualquier viajero. Las balas se vendían en almacenes de campo y hasta la Guía Ilustrada de Buenos Aires de 1900, de Agustín Etchepareborda redactada por el periodista Arturo Pereyra, aconsejaba portar armas y decía que los porteños lo hacían. No sorprendía verlas en la cadera de alguien que tras desmontar entraba en un boliche.

No siempre viva la pepa

Después que el vaquero y pepeador de oro norteamericano Charles Williams mató a Guillermo Brincke en Ñorquinco el 21 de abril de 1904, el comisario Severiano Britos logró apresarlo y lo remitió a la lejana capital territorial del Chubut donde funcionaba el juzgado. Enterrada la víctima -el empleado de la tienda de ramos generales de Agustín Pujol- los pobladores que le temían a Williams sintieron alivio. Se dijo que había recelo anterior entre víctima y victimario que era un bravucón que siempre pretendía no pagar la bebida consumida y hasta llevarse algunas prendas, como ocurrió aquel día de otoño.
Ya había cruzado la frontera cuando en 1899 -en total estado de ebriedad- hirió a un peón del hacendado Ciro Marcus, de Ñorquinco, y perdió en la región el generoso hospedaje que se brindaba a los andantes. Especialmente fue rechazado en las estancias inglesas, donde el también itinerante administrador general Francisco Preston vaticinó para Williams un final encarcelado. Lo recordó después del crimen, el mayordomo de la estancia Leleque Carlos Hackett al escribirle a Preston: "Yo creo que usted profetizó un mal fin para Charly Williams -le recordó Hackett el 2 de mayo de 1904-; la bestia disparó contra Brinch (sic), el hombre de Pujol, el otro día, matándolo y ahora está camino de Chubut. ¡Otra hermosa recomendación para la colonia norteamericana!", concluyó el británico.
Arribado a Rawson, el asesino fue alojado en la cárcel donde poco después sentó reales otro pendenciero: Pío Quinto Vargas. Pero a diferencia de éste, que contaba con numerosa hacienda y podía pagar abogados, Williams se vio en dificultades, además de las provocadas por demoras, como las de las actuaciones sumariales que no llegaban nunca a la capital del Chubut.
Recién a mediados de junio de 1905 "el Ministerio Público presentó acusación contra Carlos Williams, norteamericano, por el delito de homicidio perpetrado en la persona del señor Guillermo Brickle, en Gastre, el 21 de abril de 1904, requiriendo la pena de 15 años de presidio", como lo comentó el sabatino semanario salesiano La Cruz del Sur.
También se mandaron oficios al lugar del crimen para los necesarios testimonios con los que el defensor de oficio José O. Vernazza podría armar una estrategia. El Juez dictaminó el embargo de bienes, pero el procesado (según La Cruz del Sur del sábado 3 de setiembre de 1905) dijo no tener dinero para el embargo y "que los bienes que tenía en Ñorquinco sobre el río Chubut los había dejado abandonados cuando fue capturado", por lo que se comisionó el embargo por oficio al juez de paz de Cushamen, Severiano Britto.
El juez de paz y ex comisario respondió por nota que "Williams no tiene más bienes que unas herramientas inservibles y que nadie le conoce bienes en Ñorquinco, pues las minas a que el acusado se refiere están en el territorio de Río Negro siendo todo un arroyo donde explotaba al igual que otros algunas pepitas de oro".
El arroyo en cuestión era el Los Mineros, también conocido como Las Minas, donde Williams tamizó las arenas auríferas con Martín Sheffield, el legendario. Este último volvió, pero ya viejo, a ese mismo afluente -escaso de aguas- del Chubut en sus nacientes y no lejos de El Portezuelo. Ramón Riquelme fue el último minero que buscó oro en ese mismo arroyo en los años 40 y 50.
Allí lo entrevisté muchos años después porque Riquelme había recogido la tradición oral sobre los buscadores de oro. Esmirriado y soltero, había sido cocinero del hotel Parque de Bariloche hasta que corrió tras la quimera del oro que lo condenó a una penosa soledad. De Charles Williams decía que era "codicioso y criminal".

Triste, solitario y final

La salud de Riquelme se quebró hacia 1985 y charlamos por última vez en el hospital de Ñorquinco, donde lo atendían de una enfermedad terminal.
¿Y cómo terminó Charles Williams? Para el 8 julio de 1906, su defensor Vernazza renunció a la defensa del juicio criminal y una semana después Williams logró nombrar al experimentado Luis M. Sabatier (la información del semanario del Chubut decía que era por el delito de homicidio de Williams contra Federico Guerke. Era un error o Charles tenía otra cuenta pendiente que saldar).
Para agosto de 1906 se reclamaron en las actuaciones varias diligencias retardadas que al parecer eran vitales para la defensa y obligaron a arbitrar "por equidad y contra el dictamen fiscal" otras pruebas fuera de término probatorio ya vencido.
Recién el 4 julio de 1907 el expediente del proceso criminal "seguido de oficio contra el acusado Carlos H. Williams" se puso a despacho para sentencia. Para 10 días después se sabía que el estudio de su caso era tedioso a causa de la gravedad de la causa y el volumen de los autos, de los cuales, el cuaderno de prueba del acusado había sumado 60 fojas. De ellas 42 fueron consumidas por el alegado del defensor Sabatier, que también recitó, quejumbroso, como informe "in voce".
Finalmente la sentencia del 25 de julio de 1907 aludió el estudio minucioso de los antecedentes y declaró "improbada la excusa de legítima defensa y probados el cuerpo del delito común de homicidio y la responsabilidad del acusado en el mínimun de la pena impuesta por el Art. 17, caso 1° de la ley 4189, por concurrir dos circunstancias atenuantes, condenándolo a la pena de diez años de presidio, con los accesorios de interdicción civil que debe sufrir en la Penitenciaría Nacional y el pago de las costas del proceso".
Al parecer, Williams fue uno de los pioneros buscadores de oro en el valle Corintos con que se privilegiaron varios galeses. Ernesto Humphreys, hijo del comisario que lo apresó en 1899, me relató -hace 30 años- que a Williams le fue acortada la condena: decía que la cumplió en La Plata. Admitió que su padre comisario "lo había ayudado en el Corintos" (seguramente también lo dejó escapar en el "99) y que, a pedido de su padre comisario, cabalgó 8 leguas para llevar remedios a Williams. También dijo que Charly siempre andaba escondido y sufría enfermedades venéreas.

Curiosidades

* El vespertino La Tribuna del 26 de febrero de 1880 difundió en Buenos Aires que el perito Moreno acababa de salvar el pellejo. Los titulares destacaban: "Ultima hora - Noticias del explorador - Fuga del poder de los Indios".
El texto rezaba: "Preocupados estaban todos los amigos y admiradores del valeroso viajero, por su prisión en el campamento de Say-hueke (sic), el poderoso cacique de las manzanas. Se sabían que faltaban algunos de los indios prisioneros y por lo tanto se temía que se le quisiese hacer responsable con su vida de dicha falta. Pero anoche ha llegado un telegrama importante dirigido por el coronel Winter (sic) al comandante general de armas. En él se dice que acaba de llegar a Choele Choel el esplorador (sic) Moreno, embarcado en una balsa, después de cinco días de navegación y sufrimientos escapado del poder de los indios que le tenían en rehenes (sic). Parece que la invasión del comandante Ortega llevó la alarma a todas las tribus de la falda de los Andes, y que en el acto se pusieron en movimiento para defenderse. El señor Moreno se aprovechó de este momento de pánico para fugar, dando una nueva prueba de fe, serenidad y de valor".
* El mismo día La Tribuna daba cuenta que Ramón Lista seguiría viaje al Chubut por la costa, trayecto hasta ahora no recorrido por los peligros y falta de agua.
* Vale la pena aclarar algunos errores de La Tribuna respecto a la fuga del perito Moreno. En realidad la fuga en balsa duró 7 días y fue hasta la Confluencia (la nota induce a pensar que llegó a Choele Choel) según el  telegrama del general Lorenzo Wintter quien recibió a Moreno en Fuerte Roca en la noche del 19 de febrero de 1880 (el perito galopó ese día desde Confluencia). La carta de Moreno a su padre es conocida por transcripciones de Aquiles Ygovone y de Carlos A. Bertomeu: y está despachada el día siguiente del telegrama de Wintter, pero desde Choele Choel.
* El 30 de enero de 1903 trascendió que el coronel Ricciardi -que había combatido en la guerra anglo-boer sudafricana y fue uno de los gestores de la colonia que se establecía en Camarones, Chubut-, se proponía establecer una oficina en Buenos Aires. En la misma se proporcionaría información completa a los inmigrantes sudafricanos sobre las condiciones de entrega de tierras en nuestro país. También se elaboraría desde allí la propaganda destinada a las familias boers que quisieran establecerse

Mansel Gibbon en la banda del Cañadón

Nació en el Chubut, pasaba por chileno pero era hijo de galeses. Se unió a esos vaqueros fracasados que pronto sucumbirían por impericia y que desde las serranías de Esquel estropearon a balazos una pierna de Fortunato Fernández, un puestero que vivió con muletas el resto de su vida.

Era un argentino rebelde y audaz, tan joven y zaparrastroso como Billy de Kid, o El Niño, otro de los sobrenombres que también le destinaron a ese norteamericano tan desalineado como temible y de corta vida en los Estados Unidos. Pero en la Patagonia bandolera, este Mansel Gibbon, deslumbrado por las fechorías cercanas al ambiente cordillerano donde desarrolló su casi adolescente existencia, lo inspiraría a buscar un nombre de fantasía como correspondía a un verdadero fuera de la ley.
En toda documentación, diarios de época, confesión de testigos, sumarios, y hasta en los relatos de algún descendiente (como Mansel Víctor Gibbon, un sobrino de aquél que entrevisté en Esquel en el invierno de 1979), Mansel Gibbon aparece vinculado a los episodios criminales que van de 1909 a 1911 en el lejano oeste del Chubut.
Mansel estaba con sus compinches a los que subordinó en el que se llamó Cañadón de los Bandidos cuando una partida fue a buscarlos y se produjo un tiroteo que tuvo dos versiones contrapuestas.
Una de ellas –que intenta explicar por qué una simple balacera contra bandidos escondidos en un cañadón terminó con un civil voluntario inútil para andar como Dios manda- sostiene que no fueron balazos disparados por los que se escondían en lo que hoy se conoce como el Cañadón de los Bandidos, lo que dio por tierra con Fortunato Fernández, un puestero de la Compañía de Tierras del Sud (inglesa) en la extensión de Leleque. Si esa fue la verdad del episodio suscitado a pocos kilómetros de Esquel cuando todos esperaban dar caza a los asesinos del ingeniero Lloyd Ap Iwan, gerente de la Cooperativa de Arroyo Pescado, entonces –como lo señalan otros testimonios-, se produjo por la torpeza de la misma partida que trató de apresarlos o por su mala intención. Sea como fuere el origen de los balazos que le arruinaron una pierna al reclutado por la partida, lo cierto es que la acción no sirvió para apresar a esa banda inútil (no sólo asaltaron la cooperativa cuando no había un peso en caja y sólo se llevaron algunas prendas, sino que cometieron un crimen torpe).

Un familia en banda

¿Quiénes fueron esos bandidos que merodeaban por lugares donde cada error les podía resultar fatal? Se trataba de William Wilson y Emiliano Hood –que en sus últimos tiempos se hacía llamar Roberto Bob Evans- con el reclutado Mansel Gibbon, que como nativo hijo de galeses, que incluso había cumplido el servicio militar en Puerto Madryn. En Cholila, Mansel se había aficionado al airado estilo de los bandidos de ese valle cuando él era adolescente y le fascinaba el desparpajo de Butch Cassidy –que conocía por otro nombre, lo mismo que a su compinche Sundance Kid- como para tomarlos como paradigmas. Seguramente Mansel –uno de los hijos más jóvenes de la familia Gibbon- conocía muchos de los secretos de esos bandoleros de quienes ganó su confianza. Los bandidos de Cholila, a su vez contaban con la amistad y protección cómplice de Daniel Dan Gibbon, padre de Mansel.
Por lo menos uno de sus dos compinches desde fines del año 1909 (Evans y Wilson) ya había frustrado un intento de asalto –en la tarde del 6 de febrero de 1908- de una agencia bancaria de la entonces incipiente Comodoro Rivadavia, y aún iban a fracasar –y pagar con sus vidas- en el otoño de 1911, tras el secuestro que consumaron atrapando al impredecible estanciero Lucio Ramos Otero.
Acababan de encender la indignación de los pobladores de la cordillera porque matar a un tendero (Ap Iwan) bastaba para agenciarles una juramentada saga. Pero el tendero que habían baleado era un prestigioso ingeniero galés que ganó respeto a niveles ministeriales por haber actuado eficazmente en las comisiones de estudios limítrofes (un cerro de la cordillera austral lleva todavía su nombre). Es decir que habían lesionado el orgullo de los gubernamentales y también los de toda una colonia de tradiciones gregarias y religiosas.
Mansel Gibbon tenía 22 ó 23 años y ya se hacía llamar Cameron Jack al tiempo del tiroteo en el Cañadón. Era apenas más joven cuando se le tomó la fotografía que ilustra esta página y que Lucio Ramos Otero incluyó en el tercer tomo de la edición privada donde relató –con detalles de lujo- el secuestro que padeció. En ese relato del estanciero, Mansel fue uno de los personajes mejor descriptos y sobre el que descargó buena parte del resentimiento que a don Lucio le generó la penuria vivida junto a su peón Quintanilla, el casual compañero de cautiverio. Una buena prueba de que fue así, es que el primer tomo de su relato se llamó "Son cosas de la vida, dijo Jake", título en relación al desparpajo demostrado por Mansel en los duros días del cautiverio.

Primera versión

Ramos Otero se ocupó de dar algunos datos de la foto. Señaló –con pésima sintaxis– que el personaje de la foto era "más o menos como estaba con barba cuando me tenía agarrado" y acotaba: "poca barba castaña, ojos chiquitos de pícaro. Se hace pasar por chileno. No es tan chueco como parece". Es posible que ese retrato haya sido tomado en Rawson por el fotógrafo Manuel Ayllón, que también fotografió a Mansel cuando hizo su servicio militar y posó de uniforme con su padre Dan y otro hermano. Esa otra foto que sí tiene el crédito de Ayllón, fue sacada el 7 de julio de 1908.
El periodista Juan Carlos Alemán del diario Esquel, cuando evocó –el 14 de septiembre de 1975– el episodio del Cañadón de los Bandidos, precisó que el puestero Fortunato Fernández, enterado de la fuga de los criminales de Arroyo Pescado y habiendo detectado un fogón recién apagado en la senda que llevaba al cañadón, se ofreció como baqueano de una partida que encabezó el comisario Francisco Dreyer (el que iba a tener una dubitativa y hasta delictuosa complacencia en su actuación durante la investigación del secuestro a Ramos Otero). A Dreyer lo secundó el también cuestionado sargento Calatayud y un agente. Según el periodista Juan C. Alemán, el baqueano se adelantó demasiado en el sendero y los policías lo confundieron y le tiraron. Si fue así, robustecería otras pruebas que insinúan a la policía cordillerana de entonces como posible cómplice de los bandidos. El puestero habría sido encontrado recién al día siguiente por vecinos encabezados por el comisario Eduardo Humphreys que ofreció su casa donde el doctor Hugo Roggero realizó la amputación. Fortunato vivió con muletas y hasta volvió a andar a caballo.
Otra versión de la famosa balacera la escuchó el teniente y subcomisario Jesús Blanco instructor de la mayor parte del sumario por la investigación del secuestro de Lucio Ramos Otero. Quedó escrita; es la más fidedigna y habrá que repasarla.

Curiosidades

Después de la tormenta de nieve y lluvias que asolaron la cordillera –del 20 al 25 de junio de 1922- y producido el informe del inspector educacional señor Gatica que estuvo en Loncopué, allá fue el corresponsal de La Prensa. Comprobó, según su telegrama del 30 de junio, que el edificio alquilado para la escuela 29 tiene viejos techos de junco y paja, llueve por todos lados y el director Armendia se ha cansado de reclamarle al propietario y al Consejo.
El 1º de julio del mismo año los vecinos de San Martín de los Andes pidieron al gobierno neuquino el nombramiento de una comisión de turismo y la gestión para que se instale una municipalidad.
Casi al mismo tiempo –2 de julio de 1922- los mismos vecinos del lago Lácar telegrafiaron a las autoridades por los atrasos del correo. Se había demorado una semana y la mitad de la correspondencia se varó en sacos que quedaron entre Zapala y Las Coloradas. Tampoco se tenía noticias de la correspondencia que debía llegar el 27 de junio.
Simultáneamente, en Puerto Madryn, el vapor inglés Worhisorth descargaba 5.000 toneladas de material ferroviario para un decauville proyectado para unir ese puerto con la Colonia 16 de Octubre cercana a Esquel.
Al mismo tiempo había llegado a Las Lajas un funcionario de los Ferrocarriles del Estado, el ingeniero Luis M. Ladola, quien se dirigía a Pino Hachado. El ingeniero era el jefe de estudios del ferrocarril que se intentaba construir desde Zapala a Chile. Esperaba formar una nueva comisión de estudios.
El entusiasmo ferroviario contagió a la vez a los galeses de Gaiman donde hubo festejos –el 3 de julio de 1922- por la llegada de los materiales del decauville y por la noticia de la adquisición de la línea del Ferrocarril Central del Chubut. "Así se resuelve el problema que impedía el progreso de la región", celebraron en el brindis.
El 4 de julio del mismo año 22 la policía de Bariloche cometió abusos que fueron denunciados a los diarios porteños y al cónsul italiano en Buenos Aires. Habían apaleado a tres antiguos vecinos italianos en momentos que se disponían a cenar y los llevaron presos sin motivo y sin apertura de causa. Se investigaba un crimen en Río Mayo y en Colonia Sarmiento, Chubut, el comisario Milton Roberts investigaba el sumario por el asesinato de Ramón Lianonen, además de los desmanes policiales encabezados por el comisario Edmundo Laborde. También tomó la denuncia del indio Lifipan a quien le robaron 900 ovejas.

Con un buscador de oro donde murió Sheffield

Una caminata con el minero chileno Ramón Riquelme, último buscador de oro del paraje Arroyo Las Minas, permitió llegar a la tumba del texano Martin Sheffield en El Bolsón. La reconstrucción de su vida y el momento de su muerte fueron posibles a partir del relato de sus hijos y el sepulturero Cándido Blanco. Nicasio Soria también aportó su conocimiento.

En Arroyo Las Minas, desolado paraje del intermitente afluente del río Chubut en sus nacientes –y en donde fue maestro rural el luego columnista del "Río Negro" Nicasio Soria-, Ramón Riquelme resultó el último buscador de oro. Una caminata con ese minero chileno–hace casi 30 años atrás- llevó al autor de estas notas hasta la tumba primitiva y lugar del campamento aurífero del texano fabulador. Un detalle puso en la pista de sus últimos momentos: otros dos norteamericanos asistieron al adiós definitivo de su Patagonia adoptiva.
Reconstruir la vida sureña del norteamericano Martín Sheffield llevó a este cronista a sucesivos viajes por la extensa geografía por donde se desparramaron sus descendientes –desde la cordillera hasta Rawson y aún hasta Córdoba donde entrevistó al hijo Martín Segundo Sheffield- además de hurgar archivos y hemerotecas de ciudades y pueblos. Más complicado resultó desentrañar la muerte del norteamericano.
La charla con el sepulturero Cándido Blanco frente a la tumba del texano en el cementerio de El Bolsón en el verano de principios de los años 70, no dejó dudas: los restos habían sido traídos por los familiares desde Arroyo Las Minas, un paraje rionegrino a 15 kilómetros –apenas una huella- de la ruta 40 en su tramo entre Ñorquincó y la chubutense localidad de El Maitén y una vez que esa ruta desciende desde la estancia que pobló Felix Antonio Sede y en El Portezuelo.

El Dodo y la duda

Un hijo –Dodo Sheffield, de El Bolsón- dijo por entonces que su padre había muerto el 14 de febrero de 1932 cuando él –Dodo- tenía 29 años. El aviso había bajado de Arroyo Las Minas por el capataz de los ingleses en días de Carnaval, un dato dudoso. Dodo dijo que un inglés del ferrocarril lo tenía allí habilitado con herramientas y mercadería para encontrar oro y "que al finado lo trajimos en 1953 o 54".
La entrevista de este cronista a Juana Sheffield viuda de Pellegrini, que tenía 66 años, que vivía en la Cuesta del Ternero junto al camino –ruta provincial 6- que une El Maitén con la ruta nacional 258-, no sólo proporcionó datos claves sobre la supuesta aparición de un plesiosaurio (fue ella quien vio al "bicho grande" y se lo contó a su padre), sino que precisó que "tiempo antes de morir mi padre estuvo en El Bolsón para conseguir gente para llevar arriba" (a buscar oro). Asegura que quien lo encontró muerto fue un tal Pablo Zúñiga. Pero en General Roca, el periodista Nicasio Soria, que había sido maestro rural en Arroyo Las Minas sostenía que quien halló el cadáver, muy arriba del arroyo y lugar de la primitiva tumba de Sheffield, había sido Raúl J. Dumas, un andariego ex jefe de correos de Ñorquinco.
Los datos eran diversos, pero no había dudas de que Sheffield había aceptado aquello de que "a la vejez viruela". Es que la crisis de fines de los años 20 mordía en la cordillera y a pesar de que el veterano cow-boy estaba algo viejo –con puntuda barba blanca-, decidió volver a las fuentes, es decir, a pepear oro.
Esta vez trepó hacia las nacientes del río Chubut con un caballo tordillo y cuando buscando oro lo atrapó la muerte, habían pasado casi cuarenta años desde que el 28 de marzo de 1894 se presentó por primera vez a las autoridades del Chubut con petición formal y en papel romaní (con el timbrado de un peso y número 000135) ante el director del Departamento Nacional de Minas y Geología en Rawson, para que se le otorgara un permiso de cateo. Se presentaba como soltero, minero, mayor de edad y domicilio en la costa del río Tecka para que se le otorgara el permiso de cateo minero –aurífero y según un plano adjunto- en un arroyo tributario del río Lepá que a su vez es afluente del Chubut (sostenía que "el terreno es inculto, no medido, ni ocupado, ni cercado, ni cultivado"). El expediente sin alternativas significativas siguió hasta 1908, cuando el peticionante seguía sin presentarse y tampoco averiguaba en los desalentadores pasillos de la burocracia. Para colmo, se le reclamaba reposición de los sellos y hasta se lo citó con edictos. En ese estado, el expediente tuvo todavía una actuación administrativa, en 1957, casi 45 años después de la muerte del peticionante Sheffield.

Tras la primera tumba

¿Cómo había que reconstruir la muerte? Siempre algún vestigio queda en el lugar del deceso. Si es así, con el dato obtenido luego se hurga en búsqueda de una huella documental. Un viejo Citröen sirvió para desandar la huella que lleva a Arroyo Las Minas, y la oportunidad había sido combinada con una cita de campamentos paralelos entre el ex maestro Soria –que viajó desde Roca- y quien esto escribe, que lo hizo desde Buenos Aires. Después hubo que ocuparse de dar con el último buscador Ramón Riquelme. Soria, nacido en Asunción del Paraguay pero criado en la Argentina, fue un ex maestro entonces de 49 años y 4 hijos. Se quedó acampado cerca de la escuela que había dirigido "por 11 años y 13 días", como señaló con precisión asombrosa (se sacó una foto junto a la campana). Había llegado al lugar en octubre de 1949 con su esposa y la primera hija del matrimonio.
El chileno Riquelme, enjuto personaje de 65 años nacido hacia 1910 en Chillán, Chile, tenía el rostro ahuecado y la voz chillona (se fotografió con un martillo minero). Era tan solitario como soltero, egresado de la escuela de minería de Copiapó, y, por sobre todo, había levantado una solitaria y curiosa casa a 70 metros del río Chubut que levantó con sus manos. En medio de ese desierto pedregoso, su hogar era un oasis incomprensible, casi en la desembocadura del arroyo Las Minas en el río Chubut. Vivía solo con su perro Rubio y el gato que le regalaron en el Maitén para derrotar a los ratones serranos. No comía carne y su régimen admitía carbohidratos. Se fabricaba débil energía eléctrica y logró que un hilo de agua desde el río regara automáticamente los jardines que elevó con barro y arena del río. Le dibujó lagunillas geométricas donde solían acuatizar patos criollos. Había sido 9 años cocinero del hotel Parque de Bariloche donde aseguraba haber visto a una prominente figura del nazismo –el Dr. Menguele-, luego en el Bella Vista. Pero prefirió abandonarlo todo para pepear oro. Llegó al lugar casi junto con el maestro Soria, bastantes años después de la muerte de Sheffield. Conocía el lugar de la muerte "unos tres kilómetros hacia arriba donde tenía su campamento". Advirtió que "vamos encontrar una cruz hecha de hormigón que plantó la familia a principios de los años 50. Vinieron con comida y pilchas para dormir. Los huesos de Sheffield estaban casi al aire porque al morir no se cavó mucho y lo envolvieron en un cuero. Cierta vez –continuó Riquelme- habían pasado pobladores jóvenes que arrancaron la cruz y la tiraron por las cercanías. Los reprobé. La familia hizo un gran asado y se llevaron los huesos para El Bolsón", concluyó antes de emprender la caminata.
No lejos del cenotafio este cronista encontró entre los matorrales la cruz primitiva. Conservó el travesaño tallado a cuchillo con el nombre del finado y en los extremos -débilmente- una "b" y una "d", por las iniciales que en inglés equivalen a "nacido" y "muerto". El tallador fue un norteamericano. La saga que siguió a ese descubrimiento dio con el original que respecto a la muerte testimoniaron John Crockett y Oliverio Perry, ambos norteamericanos. Sus rúbricas están entre las de John J. Davies y Mario Cardussi, suscriptas en 27 de noviembre de 1932.(Continuará)

Curiosidades

La Nación del 14 de setiembre de 1904 publica un telegrama despachado desde Ñorquinco donde se da cuenta que "en la casa de don Jorge Hube en El Bolsón" se ha inaugurado un molino harinero.
La primera iniciativa para establecer una línea de automóviles entre Neuquén y el lago Nahuel Huapi fue del ingeniero civil Fernando Cerdeña quien la maduraba desde 1907 y se postulaba para hacer el viaje.
Se pedía la mejora del "camino" que entonces era en parte una huella por donde sólo transitaban jinetes.
Por tramos se parecía más a una rastrillada y los carros andaban a los tumbos.
La Nación del 27 de febrero de 1908 dio cuenta de la iniciativa del ingeniero Cerdeña y el entusiasmo que generó.
Cuando el camino aludido en el párrafo anterior –que no coincidía con la ruta 237, pavimento que también se sirve de trazas modificadas desde la construcción de la represa de El Chocón-tuvo un mejoramiento a partir de la visita del ex presidente norteamericano Teodoro Roosevelt, se consolidaron las postas del camino. La de Mencué, apeadero del camino elegido al este del Limay, según La Prensa del 5 de abril de 1915, estaba atendida por Francisco García y destinada a 12 pasajeros.
Según una libreta manuscrita con minuciosidad por don Emilio E. Frey, el pionero barilochense, en un viaje de 1918 el alojamiento en Mencué le costó 4,50 pesos.
Aquel viaje de don Emilio Frey del año 18, en el que volvía a sus pagos lacustres lo inició el 4 de enero en Constitución y le llegaría a su esposa, doña Rosa Schumacher, como un tardío regalo de Reyes.
Es que esa vigilia de Reyes la pasó en el hotel Confluencia por 13,20 pesos, más 3,50 por la cena. Salió muy temprano y por el almuerzo en Cerro Policía pagó 2,50. El 7 de enero, finalmente, pudo almorzar en "Pilca", donde gastó 3,50. El boleto de tren desde Constitución era lo más caro: 49,30.
Según el expediente 4881, del legajo 22, año 1906, sala del Ministerio del Interior del Archivo General de la Nación, la Sociedad Protectora de Animales solicitó que "Namuncurá y otros" no sacrifiquen animales.

 

Pío Quinto Vargas: triste, solitario y final

No pensaba huir a Chile, es cierto, pero Pío Quinto Vargas era de todas manera un fugitivo camino de la cordillera. Escapó para proteger sus haciendas. También porque querían envenenarlo y hacerse de sus bienes, según decía. Clandestinamente vigilaría su cuantiosa fortuna en ganado que pastaba en la vastedad de Corcovado (una gran extensión que en parte abarca la fotografía actual de esta página).
Estaba entre la espada y la pared. Casi todos querían aprovechar su peor momento. Era un temperamental dispuesto a todo y en la región se le temía. Mantenía pelea eterna con Lucio Ramos Otero, pero hasta el Jefe de Policía territorial había instalado un rancho cerca de sus haciendas. Le obsesionaba la peregrina idea de vender parte de sus animales y quizás recién entonces alargar la galopada para pasar la cordillera. Había fraguado –como lo creyó el Juez Letrado- una venta de toda su hacienda con Tomás Austin, pero que, tal vez se concretaba. Entonces sí, recién decidiría.
Los abogados, los carceleros, los proveedores de comida y necesidades varias, todos, absolutamente todos, apetecían su fortuna en cuatro patas. Cuando se fugó debía 5000 pesos entre muchos que le prestaron en la esperanza de cobrarlo tarde pero con creces seguramente a un apoderado o un curador de sus bienes (se calculaba que quedaría encerrado por años). De sus acreedores algunos eran tan ilustres como el salesiano Bernardo Vacchina, pro vicario de monseñor Cagliero (quizás lo conoció a través de un hermano de Vargas que oficiaba de acólito de un misionero de la Patagonia).
En el juicio criminal a Vargas le dictaron el primer embargo. Pero en el sumario por fuga, el juez letrado Luis Navarro Carreaga dictó otro embargo y una inhibición general de bienes para protegerlo contra lo que sospechaba una trampa tendida por Austin. El juez, inmediatamente, pretendió que los jueces de paz de Colonia San Martín y 16 de Octubre cumplimentaran el embargo. Navarro Carreaga consideraba a Vargas "proverbialmente desconfiado y demasiado apegado a sus haciendas". Peor idea tenía de Austin.
Cecilio Crespo, el juez de paz ad honórem de la Colonia San Martín, telegrafió al juez que nadie quería acompañarlo para el embargo. Necesitaba policía y peonada para los rodeos y desatender intereses y familia.
Se impuso la solución mayor, según lo publicó la Cruz del Sur del 5 de noviembre: "Para el Corcovado salió comisionado por la Gobernación y el Juzgado, nuestro jefe político Julio Fougere en relación con la evasión y bienes de Pío Quinto Vargas". La comisión fue considerada por el periódico como "complicada y difícil". Fougere despachó el 11 del mismo mes un telegrama de Colonia San Martín señalando que "llegué ayer por la mañana con los caballos cansados" el mismo día que moría la madre del juez del lugar, Cecilio Crespo (no lo seguiría a Corcovado). También informó que Vargas no había aún cruzado el río en Paso de los Indios, el paraje donde el 20 de marzo se le había escapado al sargento que lo llevaba preso a Rawson en la primera fuga. Fougere logró cruzar luego de fracasar una balsa que construyó para el caso (también el 11 de noviembre, la Cruz del Sur dio cuenta de la muerte del salesiano y andinista Lino Carbajal).
Tres días después –el 14- Fougere telegrafió al Juez Letrado de Rawson para asegurarle que estaba "esperando en la estancia de Vargas al juez de 16 de Octubre" para hacer el embargo. Allí tampoco nadie quería colaborar porque "todos (tienen) temor del prófugo o ser objeto de su venganza futura". Como cálculo de la difícil tarea de los arreos, señaló que "los bosques van aún cubiertos de nieve y los animales pastan hasta cerca del lago General Paz". También pidió fondos o autorización para vender potros y novillos a fin de pagar los sueldos atrasados del capataz de Vargas y sus peones, y los jornales de quienes se ocuparían de los arreos. También se le presentó Alejo Cerdá, medianero con Vargas. Cerdá alertó al jefe policial sobre los quinientos vacunos que cuidaba, de cuya cría la mitad le pertenecía (para el 3 de abril de 1909 el Juez Letrado intimaría a Cerdá por quedarse con 3000 animales de Pío Quinto).
El 19 de noviembre de ese año cinco fue un día clave. Por un lado el juez de la colonia 16 de Octubre –enteramente galesa-, procedió al embargo de las haciendas y las puso a cargo del Jefe de Policía Fougere (3853 vacunos, 738 yeguarizos y 38 caballos mansos, además de un catango, varios enseres y hasta una trampa de zorro y un bote de lona inservible). Por otro, Pío Quinto Vargas, que lo espiaba todo porque se había hospedado desde pocos días atrás en la casa de Nicolás Illin -un polémico sub inspector de bosques de origen eslavo, que vivía en las cercanías de Vargas y de Ramos Otero-, hacía mandar desde Tecka un telegrama dirigido a su abogado en Rawson Jesús Alvarez.
"Me encuentro en casa Illin" le confesó y "sospecho que querían envenenarme (en la cárcel). Illin recibía telegramas falsos firma mía", mientras que otro telegrama paralelo con igual destino firmado por Illin, aseguraba al abogado de Pío Quinto que éste seguía sano y robusto a pesar que hizo el viaje "parte a pié y se alimentó cinco días con pasto"
Pero Illin, que era odiado en la gobernación por sus denuncias en los diarios porteños en los que se explayaba sobre varios temas gubernamentales y acusaba persecuciones que le dirigía el poder, estaba ausente de su casa cuando llegó Vargas. Este lo hizo sigilosamente pero cargado con su máuser, su poncho, su quillango de guanaco además de un cuero de carnero, freno y bozal por todo recado. De la oficina telegráfica de Rawson salieron sendas copias de esos telegramas comprometedores hacia la oficina del juez donde fueron cosidos al ya voluminoso sumario. Inmediatamente, otro telegrama en sentido inverso y destinado al jefe Fougere ordenó prender a Vargas (y a Illin, por hospedar al fugitivo).
Cruz del Sur tituló "Otra vez preso", en su edición del 26 de noviembre. "El procesado Pío Quinto Vargas ha caído de nuevo en manos de la Justicia y pronto estará de regreso con el señor Jefe de Policía quien con su activa habilidad ha efectuado la captura", rezaba zalameramente parte de la nota.
Falso. No hubo tal captura. El telegrama del 21 remitido por el propio Fougere al juez aseguraba que "esta madrugada salí para la casa de Nicolás Illin donde encuéntrase Pío Quinto Vargas quien me ha hecho llamar para entregarse a la autoridad". El 25 salió custodiado Vargas para Rawson pero Nicolás Illin no aparecía. El corresponsal de La Nación retrasó la noticia y recién el 2 de diciembre la tituló como "Presentación de un criminal", cuando apenas cuatro días después ya estaba en Rawson a disposición del juzgado. Hubo todo un incidente para recuperar el máuser que había quedado en casa de Illin, y éste finalmente fue prendido.
El sumario por la fuga se fue diluyendo a pesar de ser un tema de resonancia, dilatado por los incidentes judiciales menores, las peticiones de levantamiento del embargo o la compra de más de 400 novillos que finalmente se autorizó a venderle ¿a quién?: al comisario Eduardo Humphreys (ya corría el año 1909 y hacía dos que Vargas había sido condenado por doble crimen). Varios telegramas al juez también llegaron remitidos por Lucio Ramos Otero, porque seguían las invasiones de ganados y peones prepotentes. Esta historia se interrumpe aquí, pero no concluye. Unos y otros personajes aparecerán en muchas otras historias patagónicas.

Pío Quinto Vargas prepara su segunda fuga

La primera vez que Pío Quinto Vargas, preso en la precaria cárcel de Rawson, Chubut, pensó en volver a fugarse, fue a sugerencia de otro presidiario: Manuel Amandi. A ambos reclusos el juez letrado del territorio Luis Navarro Careaga pensaba dejarlos fuera de su jurisdicción excusándose en sus respectivas causas y pasándolos a Viedma, Río Negro. Aunque el periódico chubutense La Cruz del Sur llegó a decir que la causa del indómito Vargas parecía mejorar de aspecto, el preso Amandi fue quien le dijo a Pío Quinto todo lo contrario. Y a pesar de que por ser Vargas un hacendado rico se dio el tratamiento privilegiado, el dato de Amandi se agregaba a otras preocupaciones del criminal de Corcovado. Es cierto que para la primavera de 1905 dormía en un cuarto continuo al del dragoneante de 23 años Eulogio Icardi, integrante del plantel de custodios que comandaba el subteniente Pedro Berro.

Estrategia de un indómito

Vargas se movía en la cárcel con cierta libertad y sabía que el cuarto de Icardi daba a la calle. El fiscal especial Alejandro Conesa le había pedido 10 años de condena, pero también era cierto que desde la cordillera los jueces de paz demoraban las pruebas para condenarlo definitivamente.
Existía un generalizado temor a las represalias que en el futuro podría tomar Vargas que en toda la región era conocido como bravucón y vecino pendenciero. Sus amistades provenían de quienes más le temían, o de los que pensaban que apoyarlo daría en el futuro algún beneficio.
A través del periódico Cruz del Sur todo el mundo seguía las alternativas de los juicios más resonantes de la región, tanto el de su causa conjunta con Ramos Otero, como la del norteamericano Charles H. Williams, un gran amigo de Martín Sheffield que estaba encausado por el alevoso asesinato que cometió en Ñorquinco el 21 de abril de 1904 en la persona de Guillermo Brincke, el empleado del señor Agustín Pujol. El crimen se cometió en la misma tienda y para el agresor se pidieron 15 años de prisión. El periódico llegó a echar luz sobre el poco esclarecido suceso de Corcovado entre Vargas y Lucio Ramos Otero, pero dos años después el periódico sostuvo que, según la causa, fue el 22 de febrero de 1905 cuando Vargas mató a tiros a Juan de Dios Uribe, peón de don Lucio y recién al día siguiente los vecinos involucrados y sus peones se atrincheraron en una breve batalla en que fue herido el rico estanciero porteño y otro de sus peones: Francisco Aranda, que también murió.
Vargas se vio complicado con el decreto de embargo por 5000 pesos sobre sus bienes en Corcovado, pero había que ganar tiempo hasta que se produjera. El juez de paz de Colonia San Martín Cecilio Crespo, aseguró por telégrafo carecer de policías para semejante embargo y lo difícil de contratar personal para los rodeos y testigos para el recuento del ganado. Todos temían las represalias que alguna vez tomaría Pío Quinto.

Una condena, sin embargo

El juez letrado de Rawson quería embargar a Charles Williams, que en verdad era un nómada de pasado turbulento en los Estados Unidos, con fugaces pepitas obtenidas como buscador de oro -su oficio conocido- y magras pertenencias. Lo dijo el juez de paz de Cushamen Severiano Britto, ex comisario de Ñorquinco, que contestó al juez letrado: "Williams no tiene más bienes que unas herramientas inservibles y nadie le conoce otros, pues las minas a que el acusado se refiere están en territorio de Río Negro y son un simple arroyo".
La estrategia de fugar y burlar el embargo bien puede haberla urdido Tomás T. Austin, un hacendado galés con 40 años de residencia y prestigio fundador de la colonia galesa aunque al desembarcar en 1865 sólo era un niño. Vivía de audaces contactos y estrategias gravosas para los que contrataban con él. Es improbable que la fuga le haya sido susurrada por Jesús Adolfo Alvarez, su abogado defensor en diciembre del año cinco para destrabar el embargo (pediría honorarios desmesurados; Luis M. Sabatier fue el defensor en la causa principal). Lo seguro es que Vargas supo que debía fraguar la venta anticipada de sus haciendas para burlar el embargo.
Austin lo visitó días antes de la fuga y acordó la compra de gran parte de su hacienda en 30.000 pesos. El convenio podía ser por la renta y reproducción mientras durara el presidio. Retornarle el grueso vendido en simulación cumplida la condena. También le prometió apoyo y visitarlo en Viedma para enero del año 6 si se concretaba su extradición al juzgado de Río Negro. El problema era antedatar el documento de la venta con certificación de un juez de paz. Más tarde dijo desconocer la evasión en una indagatoria de meses después. Pero el 26 de octubre previo a la segunda fuga del asesino de Corcovado, Austin visitó al juez de paz de Trelew Roberto A. Davies –de 48 años, galés naturalizado argentino-, quien se negó a suscribir las certificaciones en un papel sellado de un peso y supuestamente firmado en enero y sin precio de venta.

Sigilo de un fugitivo

Vargas despachó con rumbo desconocido ese mismo día 26 a un hermano menor. Al día siguiente tomó su montura de cuando atravesó el Chubut después de acordar entregarse a su conocido y cuestionado comisario Eduardo Humphreys. Esta vez era viernes (27), anochecía y no estaba ni el director de la cárcel Benito Cerrutti ni el jefe de carceleros Berro. Vargas dio 60 pesos al dragoneante Icardi –que también se fue- por dejarle detrás de su puerta el máuser de Ejército Nº 0136 y 60 balas. Tomó la montura, algunas pilchas y salió. Era poco más de las 20.
La Nación del domingo 29 dio la primera noticia de la fuga "del asesino de dos peones y heridas al capataz de la estancia de don Ramón Otero en Corcovado" pero el lunes 30 consignó mejores detalles. "Rawson (Chubut), domingo 29 de octubre. El viernes a las 8 de la noche se evadió de la cárcel el procesado por doble homicidio Pío Quinto Vargas llevándose un máuser y 60 tiros (…) el criminal era tratado con toda consideración y alojado cómodamente en una pieza contigua a la del oficial de guardia con salida a la calle. Es creencia general que no será aprendido por la incompetencia del personal. Ahora notará el gobernador Lezana la falta del ex comisario Humprheys, y que sin ningún motivo hizo exonerar de su puesto, después de haberlo desempeñado durante catorce años consecutivos con el beneplácito del vecindario y ser autor de la captura de criminales como el mismo Vargas …". Constancias en el sumario demostrarían la inteligencia entre Vargas y Humphreys. Además había sido exonerado por no haber aprendido a los bandidos de Cholila, también sus amigos.

Curiosidades

El 2 de agosto de 1905 llegó a Viedma procedente de Choele Choel el vaporcito Sayhueque con 29 presos procedentes de distintos departamentos y para ponerlos a disposición del juez letrado. Entre los detenidos desembarcó Antonia Audrelo de Pet, que descerrajó un balazo en la cabeza de José del Carmen Millapán quien intentó violarla. Antonia no dudó en usar un arma de fuego en defensa de su honor.
En la misma semana del año cinco el Valle Medio tendría dos temas recurrentes con noticias despachadas a los diarios porteños desde Choele Choel. Una de ellas fue poner en tela de juicio los procederes del comisario Mariano Gamboa. La otra consistió en denunciar los problemas rurales suscitados a partir de adjudicaciones y venta de tierras fiscales.
Respecto de esto último La Prensa del 2 de agosto de 1905 reflejó anticipadamente la opinión del inspector Bello del Ministerio de Agricultura que había regresado a Buenos Aires desde Río Negro y preparaba un informe sobre su visita a las colonias agrícolas Frías y General Conesa. Consideraba que sus tierras no eran aptas por culpa de las crecientes del río. Pero el cronista recordó el primer premio que ganaron los trigales de la región en una exposición de 20 años antes.
También el diario sugirió que tanto en Frías como en Conesa trabajaban la agricultura y plantaban viñas que resultaban tan ventajosas como las ovejas (una planta en dos años produjo 150 racimos de uva). Bello admitió que las poblaciones crecían y merecían ensancharlas. La inauguración del Puerto San Antonio a 18 leguas sería clave según Bello. La edificación aumentaba en Conesa y registraba sólo 3 terrenos libres cruzados un zanjón que perjudicó su venta.
Al mismo tiempo –el mismo 2 de agosto de 1905- los colonos de Choele Choel telegrafiaron su pretensión al Ministerio de Agricultura para que fuera pareja la enajenación de las chacras a todo poblador. "A 10 pesos o a 1,50, y no a este último precio sólo a los colonos galeses y a cuatro personas más".
Simultáneamente se ponía en tela de juicio al comisario Mariano Gamboa que buena parte de la población apreciaba. Acababa de capturar –con ayuda de vecinos la noche del 1º de agosto de 1905- a Juan Chazaratea, circulador de billetes falsos de 50 pesos y reclamado por Neuquén (huía protegido por los bosques cordilleranos o despistaba en la meseta vadeando una y otra vez los ríos).
Gamboa fue acusado de desalojar colonos (también de lesionar al comerciante Dionisio Sadano) y lo apresó el jefe de la policía volante teniente Angel Bordó. Gamboa estuvo sólo 4 días presos y lo agasajaron en un café. En represalia el teniente Bordó clausuró el local.

Fracaso de la primera fuga de bandidos y criminales

La gran evasión se planificó para el 18 de diciembre de 1905 en la cárcel de Neuquén con premeditadas crueldades: un degüello, asesinatos y el asalto a la sucursal del Banco Nación.

La evasión preparada en medio del hacinamiento de la cárcel de la nueva capital -un vulnerable tinglado de zinc galvanizado-, para que, salvaje y cruenta, debía estallar a los dos años y dos meses de la fundación bendecida por el empavesado discurso del ministro del Interior Joaquín V. González. Es la historia de una gran planificación y mayor fracaso.

La idea de una gran fuga ya bailoteaba en los sueños de los procesados y convictos que -entre no pocas penurias y mortificaciones- habían peregrinado celosamente custodiados por cuarenta soldados del 2 de infantería (otras noticias contabilizaron 20 soldados y varios oficiales). En total, la marcha demandó 13 jornadas desde Chos Malal a la Neuquén recién fundada, como parte de la mudanza involucrada con el traslado capitalino de 1904.

Fue el capítulo más tardío y menos luciente de la fundación de Neuquén y traslado boicoteado por los comerciantes de Chos Malal que se negaron a vender alimentos a la autoridad carcelaria para que, sin provisiones, el viaje fracasara. Tal éxodo sumó otras carencias: por ejemplo, el precario equipo de transporte.

En esos robustos argumentos abrevó la campaña de críticas encabezadas por La Prensa. Su crónica de la partida de los 41 presos -4 de ellos engrillados- en el mediodía del 4 de octubre de 1904 -digna alguna vez de narrarse- fue titulada por el aludido matutino con ninguna piedad: "Traslación inhumana de presos - Sesenta y siete leguas a pié".

El convoy arribó por el camino de Añelo al kilómetro 1190 del ferrocarril Sud, y desde allí el grupo de bandidos, cuatreros y criminales alivió el corto tramo final: lo hicieron a bordo de un tren. Faltaba la escena final: avistar el miserable encierro de zinc o nuevo hogar, verdadero horno en el verano por venir, y posible foco de enfermedades.

El "cerebro" Benavídez

Los dos primeros intentos de fuga desde semejante encierro no llegaron a concretarse, y si bien el re

sultado de una nueva sedición y fuga lapidó aquello de que "la tercera es la vencida", su planificación constituyó una trama merecedora de inscribirse entre los puntales de la novela negra.

El personaje principal e ideólogo de plan fue el bandolero chileno Benavídez, quien cruzó la cordillera dejando en su país un denso prontuario y graves causas pendientes. Por sus fechorías en el Neuquén fue capturado cuando lo "tomaron preso los señores Gómez de Ñorquín hace dos años" (versión de La Prensa) incautándosele un revólver y un cuchillo.

Para colmo de males de Benavídez, se instauró un pedido chileno de extradición, exhorto para el cual el bandido consiguió defensor: José Bruguera, juez de paz suplente de Neuquén.

En el mismo asunto actuó como fiscal "ad doc", Abel Chaneton. Simultáneamente una amistad carcelaria de Benavídez, el también bandolero Darío Zabala, había conseguido la libertad y se había instalado en una casa de la nueva capital demostrando su voluntad de insertarse mansamente entre la población.

El plan lo armó Benavídez lentamente. Necesitaba cómplices, apoyo interno y externo, sobre todo porque Neuquén no era Chos Malal y los cerros y la cordillera con sus escondrijos, quedaba lejana (cuando fugó de la antigua capital el asesino Lara, pasó mucho tiempo en una cueva en las narices de los policías de Chos Malal).

En la Confluencia se necesitarían caballos, armas y dinero. Y si bien la cárcel carecía de muro exterior, esa facilidad no impediría que los evadidos quedaran expuestos. ¿Dónde esconder los caballos? ¿Dónde conseguir el dinero? El éxito debía basarse en la rapidez de la operación, con pocas armas adentro, abrir o violar dos candados de puertas internas, mucho apoyo exterior y una buena coordinación. Para lograrlo había que confiar sólo en unos pocos reclusos y tener buena comunicación con los cómplices de las cercanías.

Benavídez, víctima las mortificaciones que le destinaba el celador Arturo Pérez, reclutó un pequeño clan de fuga. Sus secuaces serían el presidiario Juan Bautista Coco, condenado por tiempo indeterminado; Manuel Medina, autor de un homicidio alevoso, y Cristóbal Molina, criminal condenado a 12 años de prisión.

De resultar exitosa la fuga, Benavídez pensaba vengars de los Gómez, asesinarlos, y para eso debía cabalgar hasta Ñorquín. Es decir, necesitaba buenos caballos El operativo también demandaba armas disponibles en las cercanías (la policía no era un problema pero sí los hombres del 3° de caballería al mando del teniente Velázquez). Además, urgía un crédito de cómplices externos a devolver con dinero fresco e inmediato, y, desde adentro, sólo llaves para los candados y un cuchillo. Tenía decidido degollar al celador Pérez y a un guardia, y quizás, que le ingresaran poco de dinero para un único soborno interno.

Como correo usaría a su defensor Bruguera, a uno -o más- componentes de la cuadrilla de presidiarios "veniales" que a diario salían a realizar trabajos urbanos, y también la buena disposición de ciertas muchachas que visitaban la cárcel; el destinatario principal: el bandido Zabala, pivote del operativo.

Vigilia bandolera

Al momento de la fuga -fijada para el lunes 18 de diciembre de 1905, casualmente un día antes del elegido por los "bandidos yanquis" para asaltar al Banco Nación de Villa Mercedes, San Luis-, una buena tropilla aguardaría escondida en el cementerio, a 200 metros de la cárcel. Otro aporte: una partida de carabinas Winchester de las que, finalmente, una decena entraron por un boquete de la cordillera. Para el dinero, no había otra salida que asaltar la precaria sucursal lugareña del Banco Nación y, básicamente, levantar un plano de esa casa bancaria.

Al parecer, el ya liberado Zabala se sometía hace tiempo a las audacias de Benavídez por quien es posible que sintiera un inevitable temor reverencial. Pero ¿le resultaría realmente confiable? Por lo pronto ambos usaban un "argot" propio, ideal para el caso de que interceptaran las breves cartas que enviaba Benavídez a su hombre puertas afuera. Si Zabala leía "Margarita", sabía que equivalía a Winchester, que "boca negra" era revólver y "tabla cien" quería decir caballos.

Urdido el plan, el bandido Zabala comenzó a recibir mensajes diarios por medio de la cuadrilla de presos que salían hacia obrajes en el poblado.

El primer trabajo de Zabala fue levantar el plano de la casa donde funcionaba el Banco Nación, edificio casualmente en arreglos. El bandolero logró que el gerente S. Hernández lo tomara como peón albañil, pero no sería una tarea fácil, ya que si bien no tenía custodia policial, estaba a 250 metros de la comisaría.La sedición podía contar con ciertas ventajas, ya que algunos destacamentos de región habían sido levantados o por lo menos se había ordenado reducir sus planteles. Por otro lado, y contrariamente a lo que hubiera sucedido en Chos Malal, en la Confluencia y por ferrocarril, en pocas horas se podría desembarcar en los andenes de la estación Neuquén, a una legión de represores armados, como sucedió en la fuga concretada en 1916  

 

 

 Fracaso de un rescate entre los hielos

Los cuerpos de los alpinistas italianos caídos en Tronador no fueron hallados, pero nació la Comisión de Auxilio y se plantearon las primeras normas preventivas.

"Mirando hacia el ventisquero de Casa Pangue, en el bajo pude ver una luz muy intensa de gente acampada", escribió después Germán Claussen, el primer vencedor del Tronador. Esa frase se transforma en estremecedora si se piensa que representa la visión del primer hombre que plantó sus pies en esa cumbre y permaneció toda la noche del 29 de enero de 1934. Imaginarlo solo en el pedestal implica sentir una sensación abismal.
Como residente de Bariloche, Claussen cumplió en no dejar arrebatarse la hazaña por alguna de las dos expediciones italianas en marcha, que los andinistas locales entendieron como un desafío. El gran fuego del Casa Pangue pertenecía al campamento base de la expedición de Matteoda y Durando -que morirían entre los hielos sólo seis días después-, dos de los cuatro italianos que componían la primera expedición arribada.

El escalador romántico

Claussen, "enamorado de Luisa Capraro", como sostenía Otto Meiling, contó haber dejado cerca de la cumbre un alambre "con un cacho de huemul...y una tablita de ciprés cepillada en una extremidad en la que escribí mi nombre, un verso y la fecha", informó casi romántico. A la mañana encaró el peligroso descenso por los hielos, pernoctó otra noche en la montaña y el 31 bajó a Pampa Linda donde se enteró que el presidente del CAB Dr. Neumayer había subido para un nuevo intento con el ingeniero Eduardo de la Mote y el peón Luis Goye. Volvió a la montaña y pasó el primero de febrero con ellos en la "cueva de Meiling". El 2 se despidió entregándoles un pato asado que sobraba en su mochila y emprendió la travesía hacia Bahía López donde resplandecía el hotel de la Sucesión Capraro regenteado por Luisa, la hija del trágicamente desaparecido Primo Capraro (se suicidó un año y tres meses antes). Llegó a la encantadora bahía frente al paredón del cerro López, se abrazó con Luisa y el domingo 4 de febrero llamó por teléfono a la gente del CAB: Frey y Otto Meiling lo fueron a buscar.
Ese mismo día empezaba la tragedia de los italianos y a la vez el Dr. Neumeyer y el ingeniero ferroviario De la Mote escalaban en dirección al Promontorio, escolta de la cumbre Internacional del Tronador. Siguieron las huellas talladas por Claussen en el hielo. Pero los hizo desistir la misma tormenta fatal para Matteoda y Durando. El jueves 8 Claussen dio la charla sobre su proeza en el CAB y el viernes 9 llegaron de Casa Pangue, Chile, vía Laguna Frías y Blest, el ingeniero italiano Gugliada y el señor Zanetti con la noticia de la desaparición. Esa misma tarde retornaron a Chile acompañados por la primera comisión de rescate del CAB compuesta por Claussen y Meiling. Este último, al paso de los italianos por Bariloche discrepó con su plan de escalada advirtiéndoles: "Voy a ir a buscar sus cadáveres" sin sospechar que realmente iba a intentarlo. El domingo 11 el CAB despachó una segunda comisión con el ingeniero De la Mote, recién llegado del intento por el lado argentino. El doctor Rodolfo Venzano y los peones Pedro Losso y Giácomo Olivier lo acompañaron a Casa Pangue pero se encontraron con la primera comisión que regresaba con resultados negativos y fotografías de las evidencias. El martes 13 llegaron a Bariloche las dos comisiones y produjeron el informe que hablaba de los meteoros desencadenados y las huellas halladas. Esperaban revelar las fotos. Deducían que "durante el día de la ascensión de los alpinistas (aquellos meteoros aludidos) los han llevado al abismo Oeste del Ventisquero Casa Pangue, poco tiempo después de haber salido del campamento 4". El mismo martes se alistaron aviones en Chile y volaron hidroaviones de la Armada argentina hacia los lagos.

Los italianos de YPF

Muy pocos de los protagonistas de esta historia sabían quién era el ingeniero Sergio Matteoda. El dato más curioso es que vivía en Buenos Aires, trabajó en la Patagonia y realizó en el hemisferio norte operativos de rescate. Los diarios porteños señalaron que "es un conocido alpinista turinés que se hallaba radicado en Buenos Aires desde hace algún tiempo. En el mundo deportivo turinés es muy conocido por haber participado en importantes ascensiones al Monte Blanco y otras expediciones similares arriesgadas y peligrosas". Según lo publicado, Matteoda y su amigo Gianni Albertini encabezaron en 1928 la expedición organizada para dar con los restos de la expedición al polo del general Nóbile. "Conocedor de los más famosos ventisqueros, el ingeniero Matteoda fue encargado de recorrer la isla de Spitzbergen, donde se creía encontrar a los expedicionarios del grupo de Magrem, Ariano y Zappi", se precisó en los diarios.
También se supo que Matteoda había pertenecido al personal técnico de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en Comodoro Rivadavia. Otra revelación fue que el ingeniero Wálter Durando, el compañero de infortunio de Matteoda, formó con su amigo, una vez concluida la experiencia en YPF, una empresa de construcciones.
Más de un diario de Buenos Aires publicó, el 16 de febrero de ese año 34, "el despacho del superintendente del Parque Nacional Nahuel Huapi, ingeniero Emilio E. Frey, que se relaciona con la desaparición de los alpinistas italianos ingenieros Sergio Matteoda y Wálter Durando. Hacen saber tales despachos -continuaba la información- que la comisión integrada con los señores Germán Claussen y Otto Meiling encontró algunos rastros en los ventisqueros situados en la parte superior de Casa Pangue, cerca de la bifurcación del ventisquero y el río Tronador. Suponen los nombrados que los alpinistas pudieron ser sorprendido por el huracán, violentas nevadas o aludes y se vieron arrastrados al abismo". Se daba cuenta del regreso de la comisión de De la Mote y Venzano y se informaba que Neumayer había fracasado en tres intentos por llegar a la cumbre. La ascensión de Claussen era una extraordinaria hazaña -según el informe- y el Neumayer fue tomado el 4 por la tormenta que abatió a los italianos. También se explicaba que se necesitarían 2 o 3 semanas para una peligrosa búsqueda completa y que lo hecho hasta ahora era mérito del CAB, prueba de expertos solidarios.

Entre desgracia y Bonacossa

En la reunión de comisión directiva del club del 17 de febrero se resolvió que Neumeyer y De la Mote se encargaran de los reconocimientos en vuelo "con el hidroavión de la Armada". El día 20 a 3.600 metros por sobre el Pico Chileno, circunvalaron sin resultados. Una semana después El CAB decidió la construcción de un refugio en el Tronador. En la reunión siguiente se dio cuenta de las primeras donaciones para el refugio (la mayor fue de 500 pesos del Ferrocarril Sud) y el 19 se celebró una reunión extraordinaria por un pedido de nueva búsqueda de los italianos desaparecidos formulado por la madre de Matteoda. En la zona ya estaba la expedición del conde Bonacossa que el 28 de febrero -con Luis Bamghi y Giusto Gervasutti- escaló por primera vez el Pico Chileno, desde entonces llamado también Matteoda.
La reunión del primero de marzo del CAB sería histórica: "se crea la Comisión de Auxilio para casos necesarios y formada por socios especializados en ventisqueros y alto alpinismo. Se aprueban las condiciones en que actuará: prestará auxilio y acudirá al sitio solicitado por una persona o grupo que la necesite cubriendo el Club los gastos que demanden su rápido traslado, mantenimiento, gastos necesarios de equipos, contratos de peones, pasando luego la cuenta correspondiente a los interesados".
Ya hacía una semana que el Dr. Neumayer -asistido por el agente consular italiano Angel Gelain- había retornado a Casa Pangue donde se le reunió Meiling para la última búsqueda de los italianos. Resultó infructuosa y se dejó una cruz conmemorativa. Al volver, Neumayer escribió un medular informe sobre los "Peligros de la Nieve" publicado en Memoria del CAB de 1934.

Curiosidades

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El romántico primer vencedor del Tronador, Germán Claussen fue designado socio honorario del CAB por esa proeza, residió un par de años en Puerto Blest y pronto se volvió a Viedma. No se casó con Luisa Capraro, quien estuvo mucho tiempo al frente de Piedras Blancas (Cerro Otto). Durante buena parte de los años 40 y 50 se ignoró el paradero de Claussen pero reapareció viviendo en Tierra del Fuego hacia 1955 en el aserradero Slatyna, Lago Cami, Río Grande, donde Meiling fue a visitarlo. Allá murió.
• La Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche lleva 68 años de vida cargados de honores y dramáticos rescates. En los años 60, cuando cobró hasta cierta autonomía y mucho apoyo, tuvo divulgación mediática como "Los camperas amarillas" (nota de tapa de Siete Días cuando era un suplemento de La Razón)
• Las precauciones para conservar la vida en la montaña se mantuvo en buenas manos médicas desde los inicios de la Comisión de Auxilio.
En 1934 la encabezó el propio presidente del Club, el médico Juan J. Neumayer. La integraron también -años más tarde- los médicos Emilio Feliú (que pasó a residir en España), Raimundo Guthmann (que emigró para ejercer su profesión en Grenoble, Francia) y José María Iglesias, que presidió la Comisión muchos años y se mató fatalmente en un accidente aéreo cerca del aeropuerto de Bariloche, cuando en una avioneta llegaba para asistir y trasladar a un enfermo grave (era entonces ministro de Salud Pública de Río Negro

 

Trenes en fuga ante el desastre de río abajo

La inundación que frustró la inauguración de la línea férrea del Ferrocarril Sud al Neuquén y obligó la marcha atrás de los festejos, resultó un mal menor: las aguas produjeron el mayor desastre del río Negro.

Cuando el general Roca no pudo inaugurar la línea en la población bautizada con su nombre, lo prudente fue emprender la retirada, hacer el banquete repartido en los tres trenes despachados con los invitados para la ocasión y en todo caso, ya en Buenos Aires, el presidente instruyera al ministro del interior -el riojano Joaquín V. González- para alertar la ayuda a los pobladores. El futuro era incierto y nadie podía sospechar que el desastre que recién comenzaba y parecía lapidar el futuro ferrocarril, conseguiría, sin embargo, eludir las secuelas del caos fluvial con éxito básico. El primer año de funcionamiento después de los diluvios de 1899 -con pueblos, cultivos y planteles ganaderos destruidos-, las estadísticas demostraron que hasta julio de 1900 se vendieron 5.252 pasajes de primera clase, 8.621 de segunda y los trenes transportaron 4.965 toneladas de lana.
Pero los ríos cordilleranos no se darían por vencidos y complicarían las obras del puente a construirse sobre el río Neuquén, más allá de creerse que las crecientes se producían a intervalos de 20 años. Se colocó un mareógrafo en el lugar donde se construiría el puente, cerca de la oficina telegráfica. En ella se podían recibir datos desde Paso de los Indios, río arriba (Neuquén), ya que las aguas tardaban entre 24 y 30 horas para llegar a la Confluencia, y los avisos mandados desde Chos Malal daban 60 horas hasta que los torrentes inundaran.

Turbulencias de siempre

A 1 año del desastre, a las 10 de la noche del 12 de julio de 1900, cuando ya el ferrocarril era un éxito, el telégrafo anunció desde Paso de los Indios que el río había subido un metro 70 y Chos Malal estaba a punto de inundarse. El dato salvó los preparativos de la construcción del puente.
Pero en la creciente del "99 hubo poblaciones arrasadas -pocas víctimas fatales-, pérdidas de ganado y plantaciones, terraplenes y vías inutilizadas. El desmadre del río Negro fue el peor caos meteorológico de la región en todo el siglo XIX. La Patagonia entera entró en emergencia porque también sus ríos de la región Norte bajaron desde la cordillera con furia inusitada. El Colorado iba a alterarse de manera más caótica una década y media más tarde. Esa vez, en enero de 1915, el deshielo de un invierno excesivamente nevador como el del año "14, sobrecargó la laguna Cari Laufquen. La gran presión del agua hizo estallar el dique natural que en tiempos telúricos obturó un profundo valle donde, por siglos, lució aquella laguna de altura. Sobrevino otro desastre.
Pero la gran inundación fin de siglo se pareció, en cambio, a otra burla de la naturaleza contra el progreso valletano. Sucedió cuando se desarrollaba toda una epopeya civilizadora que había avanzado río arriba -más precisamente a sus flancos- con el telégrafo y el ferrocarril Sud: la línea vital para las comunicaciones a cargo del estado, el primero, y el ferrocarril, por concesión, en manos de empresarios ingleses a un costo de 15 millones de pesos de los buenos.
Quizás nunca se detalle toda la heroica lucha librada por los pioneros contra ese flagelo contra su pujanza. Jefes y cuadrillas del telégrafo en carros a punto de ser arrastrados por la corriente, quienes trataron de reponer lo que las aguas se llevaban de la línea. Guardahilos que cambiaron el caballo por un bote y jefes de modestísimas oficinas telegráficas que aguantaban hasta que los muebles flotaran y entonces recién quitaban la pila y su aparato de punteo telegráfico. Luego alcanzaban alguna elevación para hacer alguna conexión y desde una carpa trasmitir las novedades que en realidad el propio río se encargaba de llevar "a cinco millas por hora". También policías y funcionarios asumieron roles casi heroicos en los salvatajes. Otras muchas historias quedaron ignoradas.

Tello a vapor

Ya se sabe que la cena programada para la inauguración ferroviaria -en el entonces llamado Fuerte General Roca- fracasó. Los trenes con los invitados que habían embarcado un día antes en Constitución con el presidente de la Nación, el general Julio Argentino Roca a la cabeza, apenas llegaron a Chimpay. Allí fue la inauguración, comida y discursos, a bordo de los trenes. Pronto el viejo poblado de Roca iba a quedar casi inutilizado -el coronel Jorge Rohde elegiría, tiempo después, el nuevo emplazamiento- y el desastre seguiría río abajo. Pero un día antes de la gran cena inaugural, las noticias telegráficas recogidas por los viajeros en Bahía Blanca hicieron que amenguaran los brindis que alegraban a los distinguidos pasajeros. Ese día ganó el escepticismo. Roca no lo sabía aún, pero no se encontraría con el amigo que había elegido para gobernar Río Negro, el primer civil después de una sucesión de gobernantes militares. Como habían convenido para el encuentro, el gobernador José Eugenio Tello había partido de Viedma hacia Roca en medio de la alarma que inspiraba la inundación.
Embarcado en el pequeño vapor que luchaba con la furiosa correntada del río Negro ese 31 de mayo de 1899, corriente en contra en demanda de General Roca, el gobernador Tello, un jujeño a quien la amistad con Roca lo había llevado a la Patagonia, no imaginaba que la inundación que venía de los Andes lo iba a poner a prueba como nunca. Ese mismo día los tres trenes que intentaban llegar a orillas del río Neuquén para inaugurar así la línea, encabezados por locomotoras embanderadas como la que llevaba a Roca (en la fotografía que ilustra esta página) al propio presidente de la República Julio A. Roca -al frente de la tumultuosa pero distinguida comitiva-, se detendrían por el avance de las aguas que cubría los terraplenes. Tello, que había dejado al frente de la gobernación a Lindor E. Rodríguez, no imaginaba que pocos días después se vería obligado a gobernar desde Patagones y más tarde desde Choele Choel. Nadie imaginaría que el ingeniero asentado en Viedma Eliseo Schieroni, tendría que diseñar un terraplén preventivo para preservar a Viedma de la inundación.
El almuerzo inaugural del ferrocarril se produjo el 1° de junio en Chimpay, según La Prensa del 2 de junio. El dato lo confirma la Historia del Ferrocarril Sud de William Rögind (1937), pero el despacho retrasado que publicó La Nación, recién el día 3, lleva a la confusión. El título de la nota decía: "El viaje del Presidente - Banquete en Fortín Uno". En realidad, ya en marcha de regreso hacia Bahía Blanca, los trenes del festejo frustrado pararon en Fortín Uno, estación desde donde los periodistas hicieron sus despachos telegráficos. Según esas crónicas el almuerzo necesitó que alguien (Machado) leyera en cada tren los discursos de Guillermo White, presidente del directorio del ferrocarril Sud y del propio Roca (quien evocó su llegada al río Negro 20 años antes), además del embajador inglés (mister Harrington). Se cantó el Himno Nacional y el God save the king. Bernabé Láinez brindó -hubo champaña en abundancia- por el general Mitre "por ser quien remachó el primer riel del ferrocarril Sud" y el diputado Falcón lo hizo por el vicegobernador bonaerense Demarchi, presente en la ocasión. El comandante Marambio Catán brindó por Benjamín Zorrilla, "bajo cuyo ministerio se inició la construcción de la línea". El embajador inglés evocó su viaje de años atrás a Bahía Blanca, parte en tren, seguido de un largo galope hasta Pigüé y luego en carro. Todo había cambiado.

Curiosidades

* Las noticias sobre las inundaciones sureñas del invierno de 1899 casi sepultaron otras que eran de importancia austral. Pero en la página 3 de la edición de La Prensa del 9 de junio de aquel año, se dio cuenta sobre las andanzas patagónicas que acababa de cumplir lord Cavendish . Su expedición trataba de indagar sobre un monstruo austral.
* En esa misma edición del matutino porteño se detalló -entre muchas noticias de las inundaciones en el Sur- que la fuerza de la corriente había arrasado el embarcadero de hacienda de la Isla Grande de Choele Choel que ya había sido invadida por las aguas y estaba plagada de pantanos. Hubo estragos entre la hacienda, aunque se salvaron 800 animales de la remonta del Ejército y se sabía de grandes pérdidas en las estancias Fraga y Santa Clara.
* Ese mismo día (viernes), mientras en Pringles (hoy Guardia Mitre) se derrumbaban varias casas y los vecinos se salvaban escapando en botes hacia las lomas, el jefe del telégrafo local esperaba el inminente derrumbe de su propia oficina.
* Para el 11 de junio de 1899, la inundación había cobrado devastadora importancia en Pringles y desde allí se cablegrafió a Buenos Aires: en la región habían inundado casas y hacienda de unos quinientos pobladores. Los diarios porteños se hicieron eco de la peripecia del estanciero Eliseo Herrero a quien la inundación rodeó unas 4000 ovejas y de las cuales logró salvar mil. Las restantes morirían.
* A lo largo de los siglos las inundaciones del río Negro fueron esporádicas pero inevitables. Cuando el 22 de abril de 1779 Francisco de Viedma se instaló en el lugar donde finalmente surgió la capital rionegrina que homenajea su nombre (antes Mercedes), ni siquiera sospechó que el lugar podría ser amenazado por las aguas fuera de cauce. Poco después -un desapacible 13 de junio- el río desbordó y Viedma se trasladó con sus hombres a la vecina orilla, más alta y protegida

 

Discordias por el fallo del árbitro inglés

Al adjudicarse los fértiles valles patagónicos a la Argentina se potenciaron las críticas chilenas a su perito, aunque hubo disconformidad a ambos lados de la cordillera

La noticia sobre el laudo arbitral del rey de Inglaterra -telegrafiada a Buenos Aires y a Santiago el 21 de Noviembre de 1902-, provocó en sus encumbrados círculos políticos y sociales distensión y alivio: concluía un conflicto. Pero a la vez, en esas elites y en ciudadanos comunes se suscitó no poca desazón y fastidio por lo que repartió la traza. Estallaron las críticas, se multiplicaron las discusiones y un oleaje de suspicacias y revisionismo sobre lo actuado por los peritos golpeó en los sólidos murallones de la prudencia. Como se sabe, las quejas consiguen rápido espacio difusor y en esas capitales sudamericanas no eran pocos los que alentaban agigantar las disidencias.
Curiosamente no se produjeron alteraciones ni protestas en la frontera patagónica aunque la maravilla del telégrafo puso casi simultánea e inmediatamente la novedad en el Alto Valle hasta el lago Nahuel Huapi gracias al telégrafo (en revisión constante de la línea por jinetes "guardahilos" estatales).
Los galeses de Trevelin, sin embargo, debieron esperar unos días más para los festejos hasta que un chasqui llegara desde el lago o desde "el Neuquén". Es que la línea telegráfica entre Nahuel Huapi y Colonia 16 de Octubre estaba en construcción. Conrado Goitía, el encargado del tendido había partido pocos meses antes desde Neuquén con 40 carros de materiales y comodidad -a barquinazos- para el personal transportado. También logró acopio de troncos de la tala autorizada por el gobierno para que la Isla Victoria aprovisionara los postes de la línea.

Fraternidad y turismo

La noticia arribada a esas lejanías no sólo no produjo desencanto alguno, sino que en la incipiente población de San Carlos de Bariloche todo fue algarabía. La Patagonia entera cobraba una impensada importancia y esperaba el progreso. Algunos barilochenses , encabezados por Mariano Fosbery jefe del 3ro.

Dolorosos apuntes de lo que el río se llevó

Las inundaciones de 1915 generaron crónicas dramáticas sobre los ríos del norte de la Patagonia y las devastaciones que provocaron para horror de los pioneros que, sin embargo, no se doblegaron.

Las desbordadas aguas cordilleranas que a través de los siglos produjeron furiosos aluviones descargados sobre valles patagónicos despoblados con secuelas catastróficas, lo pueden todo. El asentamiento de audaces ganaderos o esperanzados pastores, las colonias agrícolas y los poblamientos que inevitablemente siempre anidan cerca de las aguas, aparecieron en la Patagonia desde fines de siglo XIX. Los pioneros ignoraban, claro, el horror que no estaba en sus cálculos.
Para los años 1914 y 1915 el sur argentino, extremo de un continente a salvo del conflicto mundial de aquellos años, pero que no podía dejar de ser tema de los diarios de la mañana de Buenos Aires, tradicionalmente ajenos a títulos catástrofe, recurrieron entonces a la tipografía mayor, un despliegue para seguir los sucesos de la Primera Guerra Mundial.

Desastres nunca anunciados

Que se sepa, simultáneamente nadie se ocupaba de la Corriente del Niño y eran primitivos los sistemas de anticipación meteorológica. Por eso nadie sospechaba las inundaciones que se desatarían en el sur argentino. En 1915, cuando el poblamiento en los valles de los ríos Colorado, Neuquén, Limay, Negro y Chubut ya era importante, los sucesos del sur no sólo necesitaron de gran despliegue periodístico, sino que obligó al presidente de la República Victorino de la Plaza a ocuparse muy especialmente de las inundaciones, no sólo para socorrer a los damnificados sino para realizar estudios que permitieran tomar medidas y encauzar las ayudas espontáneas. También el Congreso de la Nación encaró leyes puntuales respecto de las zonas arrasadas y destinó fondos que sirvieran para obras adecuadas de prevención y desarrollo regional.
Las inundaciones de 1915 tuvieron dos fases: su catástrofe a partir del estallido del dique natural de la laguna Carri-Lauquen y los diluvios posteriores. Aquel fenómeno presionado por incontenibles aluviones cordilleranos y el gran deshielo veraniego, se desató el 29 de diciembre de 1914 y alcanzó a los primeros pobladores valletanos de los ríos Barrancas y Colorado en el Año Nuevo del "15. Casi no hubo paréntesis para la segunda faz de las inundaciones a raíz de las precipitaciones que arreciaron en el otoño.
Si se repasan las crónicas de entonces, se da con detalles escalofriantes. Es cierto que resulta imposible hallar un informe definitivo sobre víctimas de aquella catástrofe y las cifras sobre los ahogados y desaparecidos se rescatan por los diferentes corresponsales. Los gobernadores Elordi y Serrano, de Neuquén y Río Negro, respectivamente, elevaron memorias al Ministerio del Interior, pero las cifras no fueron definitivas (Serrano habló de 70 entre muertos y desaparecidos). A los escritorios gubernamentales de la Casa Rosada también llegaron noticias y ruegos de auxilio de todo orden porque el clima había enloquecido y diluviaba en todo el país. El Director de Territorios del ministerio tampoco pudo pasar un buen fin de año y tuvo reclamos de La Pampa Central -como se llamaba entonces- y consideraba casi como un desierto. Sin embargo, el informe decía que el río Salado, con densos caudales, no sólo había desbordado la laguna Urre-Lauquén (no lejos del hoy Parque Nacional Lihuel-Calel y de Puelches), sino que en La Copelina se ahogaron el comisario Díaz, un sargento, gendarmes y vecinos.Aunque fue difícil mantener las vías de comunicación porque la correntada abatió los postes de parte de las líneas telegráficas, recomponer la situación a partir de ciertas crónicas compuestas por los escasos telegramas que arribaban a las redacciones porteñas o a las oficinas de los funcionarios nacionales, ayuda a darse idea de la situación, sin dramatizar inútilmente lo que era -de por sí- un gran flagelo natural. Se puede recomponer el drama de un simple trabajador rural como era Fernando Esparza, quien en el último día de 1914 conducía 200 chivas hacia Pichi-Mahuida. Ni siquiera festejó el Año Nuevo porque se echó a dormir temprano en pleno campo después de comer magramente. No pasó mucho tiempo hasta que el trueno de las aguas lo despertó para salvarse milagrosamente aunque abandonó el arreo (apareció semidesnudo en la estación y dijo haber escuchado voces lejanas de auxilio de quienes seguramente se ahogaron).

La Japonesa no festejó

Simultáneamente por telégrafo y desde Chelforó se pudo saber que ese Año Nuevo en La Japonesa fue arrasada la oficina de correos y el negocio de José Yancarlos. La inundación alcanzó una anchura de tres leguas y el torrente arrancó, aguas abajo, a las balsas del río.
El mismo primer día del año 1915, la súbita inundación aguó la fiesta a la paisanada del establecimiento Boillat de Santa Nicolasa (junto al Colorado, aguas abajo de La Japonesa) donde la concurrencia a las carreras de sortija "fue sorprendida por la creciente" (más tarde se supo que hubo 7 desaparecidos, entre ellos algunos familiares del panadero lugareño). La información despachada desde Chelforó daba cuenta, además, de la destrucción de la casa de comercio de Astiasu cuya familia se salvó milagrosamente. También la correntada arrastró la balsa que servía el cruce frente a Chichinales.
La recorrida que emprendió Félix Higuacol con dos vecinos a lo largo de 10 leguas encontró cinco familias sobrevivientes pero sin ropas ni provisiones, en un caso con dos bajas en el grupo familiar (desaparecidas). También supieron de una familia de cinco miembros que arrastró la corriente.
El río Negro también comenzó a desbordarse (foto que ilustra esta página) y ya el 5 de enero los diarios daban cuenta que en Viedma se temía lo peor. Desde la castigada ciudad se informaba que el río Ligue seguía creciendo a la altura de Buena Parada "donde la policía tiene establecida vigilancia y se ha ordenado que la autoridad haga retirar a pobladores que puedan correr riesgo".
Los corresponsales aseguraban que "desapareció la Colonial Catriel y muchos de sus pobladores, además de casas y ganado".

Historias insepultas

También flotaban cadáveres "que no se podían rescatar para darles sepultura", incluso el de una mujer que fue encontrado frente a Chichinales.
En la tarde del 3 de enero salieron de Viedma con la intención de llegar hasta Colonia Catriel el gobernador rionegrino Pedro Antonio Serrano -que dejó como interino al secretario Carlos Evrot- y su jefe de policía Pérez Colman. Supieron que el aluvión llegó a las 13 horas de ese mismo día y hubo muchos ahogados. Todavía faltaban 15 centímetros más de agua para el desborde en Conesa y Pringles y algo más en Viedma, que agregaba esa amenaza a las angustias de la crisis económica. En Pichi-Mahuida todas las casas se derrumbaron con la corriente y para entonces había dos metros sobre las vías del F.C. Sud en Chelforó. Al día siguiente (4 de enero) el agua sumó siete metros por sobre el puente del Río Colorado y a Gaviotas llegó de Río Colorado y Buena Parada, medio centenar de sobrevivientes semidesnudos y hambreados. Las pérdidas agrícolas y subproductos eran desastrosos si se piensa que sólo la casa Parodi de Fortín Uno perdió 20.000 pesos en lana.
El jueves 7 de enero el presidente De la Plaza reunió a los ministros de Interior, Marina, y Obras Públicas. Este último se asistió de su subsecretario y del director general de irrigación para analizar los perjuicios por los desbordes fluviales de toda la República.
Serrano navegó a Bahía Blanca pero se varó allí porque no podía compaginar su viaje por los inconvenientes telegráficos. Allí tuvo varias noticias importantes para "su" territorio. El 8 de enero se firmó un decreto para que Río Negro invierta hasta 5000 pesos en la construcción de un camino entre Bariloche y el Km. 404, punta de rieles del F.C. del Estado que marchaba (muy lentamente) hacia el lago Nahuel Huapi. Casabal, el subsecretario de Interior, conferenció telegráficamente con Serrano, quien aprovechó a requerir 3500 pesos para dar de comer a los damnificados, además de 25 carpas a poner en Buena Parada y otras 50 en Bahía Blanca consignadas a su orden. ¿El drama original había sido mitigado?

Curiosidades

En esta misma semana de hace un siglo se informaba desde General Roca que estaba por concluirse la construcción del canal Fernández de Oro.
Al mismo tiempo en Comodoro Rivadavia desembarcaban desde el vapor Chubut numerosos personajes que serían pioneros del lugar, algunos por la importancia de los objetivos que motivaban sus respectivos viajes. Uno de ellos fue el ingeniero Adolfo Fourones enviado por el gobierno nacional para hacer estudios destinados a proveer esa zona de agua potable.
El año 1902 no iba a concluir sin que se vertieran opiniones sobre los resultados del laudo arbitral británico. La Armada chilena se reservaba objeciones sobre las que se explayó, el 12 de diciembre de aquél año, el capitán de fragata Maldonado. El escenario donde vertió sus opiniones basadas en consideraciones de carácter histórico, no era el más apropiado para los aires de paz con que se pretendía oxigenar el conflicto ya laudado: lo hizo a bordo de acorazado O"Higgins en Valparaíso, a un paso de Viña del Mar donde familias argentinas conciliadoras pasarían sus vacaciones.
Al mismo tiempo, acababa de arribar a Santiago de Chile el ministro plenipotenciario de los Estados Unidos -mister Wilson- que se prestó a declaraciones a la prensa. Aseguró que en su país había producido una excelente impresión la finalización del conflicto limítrofe. Agregó que a propósito de esa novedad, una corriente de capitales arribarían a Chile

 

Chos Malal y la deuda de Lucio V. Mansilla

El general cambió parte de las tierras neuquinas por doble extensión en el Chaco. Las hipotecó, se remataron por falta de pago y quedó con una gran cuenta negativa. Se fue a vivir a París, donde murió (1913), y el Banco Hipotecario las contabilizó en sus pérdidas sólo en 1939. Distintos funcionarios lo protegieron, quizás fascinados por su "glamour".

Los conocidos orígenes de Chos Malal hablan de pioneros urbanos sin poder consolidar legalmente su asentamiento. A esa historia pueden contribuir 40 fojas y una ficha de cartulina (que se reproduce en esta página) de un expediente rescatado por quien esto escribe. Se trata de un voluminoso saldo deudor por hipotecas de 1887/8 sobre campos en el Chaco ejecutadas por impagas en 1903. El remate rindió irrisorio resultado y todo se dio por perdido en 1938. A fines de los años 60 las actuaciones iban camino del incinerador.

Arcas carcomidas

La deuda, actualizada y con mínimo interés, sumaría hoy millones de dólares. Nació de dos hipotecas insatisfechas a favor del Banco Hipotecario Nacional y su deudor era nada menos que Lucio V. Mansilla, propietario de las tierras donde nació Chos Malal, la primitiva capital neuquina. Mansilla murió en París el 8 de octubre de 1913, hasta los últimos tiempos lúdico y encubierto por el poder político contra cobradores y demandas judiciales. Era la actitud de quienes le festejaban el señorío que lo envolvía desde Cepeda y Pavón (y su herida en el hombro en los campos de Curupaytí), algo que acrecentó en los lances de honor y de conquista amorosa.
La indolencia del Banco Hipotecario durante los primeros años por cobrarse el saldo deudor persiguiendo sus otros bienes (la crisis económica derivada del mal gobierno de Juárez Celman -a quien apoyó-, lo llevó a una quiebra y al remate de su casa de Belgrano) no alteró el estilo bon vivant de aquel comandante de Río Cuarto en la juventud, y confiable hombre maduro como permanente emisario argentino en Europa. Más tarde fue envejecido diplomático -de galera y viudo pícaro- en misión frente a los estados de Rusia, Hungría, Austria y Alemania y hasta un sportman de la virilidad a la vista de sus propias postrimerías (qué otra cosa, al casarse en Londres a los 77 años con Mónica Torrone de 30 tiernos abriles).
La mácula, gravosa para los dineros públicos, no embarga, claro, la pluma florida del autor de "Una invasión a los indios Ranqueles" o de "Entre-Nos". Pero el dato no figura en las "Memorias" que escribió desde la capital francesa, con empecinada carencia de autocrítica por la grave falta pecuniaria. El general, diputado y diplomático -y asistente a los cursos de la Sorbona a los 80 años- remitió esas cuartillas íntimas para El Diario de Manuel Láinez. Los primeros tramos los publicó el vespertino en primera página desde el martes 5 de julio de 1904.
Es cierto que este sobrino del general Juan Manuel de Rosas había quebrado, pero si le debía tanto dinero al Estado Nacional, ¿cómo es que el mismo Estado le financiará -muy bien asalariado y con viáticos- su persistente permanencia en Europa de sus últimos años?

Junto al Curi-Leuvú

Todos saben que el deambular capitalino de Neuquén a instancias del coronel Manuel J. Olascoaga, con el primer y fugaz asentamiento en Ñorquín y luego en Campana Mahuida, concluyó en Chos Malal el 4 de agosto de 1887 (sobre lo que abunda el autor Angel Edelman), y saben también que ese asentamiento sobre el que el Poder Ejecutivo Nacional estableció -el 14 de mayo de 1888- la capital del Neuquén, reposaba sobre tierras de Mansilla, unas 25.000 hectáreas de las que cedió 10.000 para el pueblo de Chos Malal, pero a cambio de 20.000 que se le otorgaron en el Chaco (Mansilla fue gobernador del llamado Chaco Austral) cerca de "Barranquitas". Estas últimas tierras fueron las que el general hipotecó y terminaron rematadas por falta de pago.
Las del Neuquén las había escriturado poco antes de que Olascoaga tomara posesión de Chos Malal. El acto notarial se había consumado en Buenos el 13 de diciembre de 1887 ante el Escribano General de Gobierno Félix Romero, y los datos se asentaron en el Registro de la Propiedad al folio 741 del tomo 3 de Territorios Nacionales, como lote 8 de la fracción D, sección 30 (un informe dice que fueron 10 leguas kilométricas).
Mansilla o su memoria en amarillentos papeles burocráticos de escrituras inmobiliarias o hipotecarias, o de los expedientes judiciales, no quedó desvinculado de Chos Malal. No visitaba el lugar. Tan apartado era, que el propio gobernador Olascoaga fue encontrado en Santiago de Chile en 1889 por un directivo del Ferrocarril Sud en donde el coronel le confesó estar en viaje hacia la capital neuquina: por esa vía -aseguró Olascoaga- se le aliviaba el viaje.
Para el 22 de setiembre de ese año Mansilla tenía 68, vivía en la calle Lavalle 137 de Buenos Aires y concurrió ante el escribano Ruiz a suscribir la segunda escritura que hipotecaba de sus tierras del Chaco por 100.000 pesos -de los buenísimos- en préstamo que le cedió el Banco Hipotecario (BHN). Ya había dilapidado 30.000 que el mismo banco le otorgó por escritura del último día del año anterior.
Estaba en problemas y mucho más lo estuvo en el otoño de 1890 cuando no pagó un solo peso más al BHN. Su actuación pública, sus misiones en el extranjero, el crédito literario que le daban sus libros ayudaron a que lo esperaran hasta 1903 cuando se le remataron las tierras hipotecadas del Chaco (el 19 de noviembre). El resultado, desastroso: Mansilla queda debiendo 219.637,19 pesos. El juicio por saldo personal que le inicia el BHN con la documentación pertinente, relega a la foja 6 el escrito de la demanda. La notoriedad del personaje hace más ridícula la citación por edictos y recién el 8 de octubre del año siguiente se certifica por actuario que el deudor no ha comparecido. Dos días se le nombra encumbrado defensor: Nicolás Ruiz Guiñazú. Para entonces hace menos de tres meses que las memorias de Mansilla remitidas desde París se publican en la tapa de El Diario, que recién tendría al año siguiente la competencia de Crítica, otro vespertino que hizo época.

Paralización y artrosis

El expediente administrativo del BHN -en paralelo con el judicial- permaneció paralizado desde 1905 hasta 1910. De allí en adelante los amigos funcionarios también protegieron al general. Un informe del 17 de octubre de 1911 en el expediente del BHN suscripto por Gerardo del Valle induce a tener esperanzas de recuperar pesos. Dice así: "Señor Jefe. El deudor don Lucio B. Mansilla se encuentra en Europa hace años -lo que era público-, con ánimo de permanecer algún tiempo más. Según informes que me han suministrado mis relaciones, se cree que aún tenga algunos bienes en ésta". Para entonces, Mansilla culmina sus cursos en la Sorbona. Veterano de las noches de "farra y de champaña", cae ese año "postrado por la artrosis y comienza a perder la vista" (según Alberto Perrone en su nota a la última edición de las "Memorias" y que abrevó en la biografía de Enrique Popolizio -Pomaire 1885).
El general murió durante un anochecer otoñal parisino. Fue el año anterior a la Gran Guerra que Mansilla vaticinó en 1906 por divulgar lo leído en el folleto alemán que transcribió el Daily News de Londres. La deuda caería en el olvido por más de una década, pero el BHN supo en 1926 de las tierras del Neuquén que le pertenecían. Ya había sucursal del BHN en la capital neuquina y se mandaría un tasador (la burocracia es un entretenimiento infinito).

Curiosidades

La Navidad de hace un siglo en la Patagonia no carecía de noticias desagradables. En Pringles (o Guardia Mitre) la señora Salomé I. De Cichich denunció el 23 de diciembre de 1902 que su hijo Francisco, a la una de la madrugada del día anterior, había sido puesto de plantón por el comisario Angel A. Berdo "para obligarlo a declarar hechos que no cometió, hasta que cayó al suelo. Entonces se le hizo levantar con dos centinelas armados a remington y a culatazos para proseguir el plantón".
La queja fue instaurada ante el juez letrado (que entonces era allí el Dr. Lamarque), agregando la denunciante que hacía varios días que tenían al hijo incomunicado.
En Camarones, Chubut, para la Navidad de 1902, poco había que festejar. La alta temperatura y el clima seco hacía recrudecer la necesidad de agua potable. Ese lejano 24 de diciembre los esparcidos pobladores decidieron clamar a las autoridades nacionales por agua ya que "la escasez toma proporciones alarmantes debido a la mala calidad de la que se consigue trayéndola de cuatro leguas de distancia en carros y en barriles. Se pagaba hasta 3 centavos el litro y los fuertes soles que soporta durante el trayecto la corrompen. Hubo varios casos de tifus". La situación hacía que nadie quisiera erigir viviendas sólidas bajo la duda de permanecer o emigrar. Cuando esta noticia se transmitía por telégrafo a Buenos Aires, todo lo interrumpió una gran tormenta austral que destrozó el equipo telegráfico.
Había contemporáneamente problemas de agua en General Roca, pero para el riego.
El día de Navidad de 1902 el vecino y propietario Miguel Muñoz presentó una nota a la comisión administrativa del canal de riego de la colonia por agravios, abusos y multa injusta de la que se sentía víctima. La mala administración a cargo del coronel Gras (que también tenía funciones militares en el lugar) hacía que los vecinos de Muñoz tuvieran aguas hasta en exceso y él, por el contrario, estaba casi imposibilitado de regar.

 

 A la pesca de anécdotas veraces y truchas

En enero de 1903 -cuando se intentaba el traslado de la capital neuquina- el Ministerio de Agricultura decidió sembrar con salmónidos la zona lacustre andina en aras de la alimentación regional, mientras el perito Moreno proponía explotar los bosques.

Truchas pescadas en 1914 por la comisión Bailey Willis

Hace un siglo no existía la secretaría de Medio Ambiente ni los movimientos ecologistas para la preservación de lo provisto por la naturaleza.
Sin guardabosques y guardafaunas a la vista, tampoco estaba prohibido tentarse con la apropiación de lo que se reproduce generosamente sobre el planeta, algo aún menos censurable en un país entonces espacioso, despoblado y urgido en explotar la renovable exuberancia de sus comarcas. La idea vigente, entonces, era una mixtura resultante del concepto de Rousseau sobre la influencia del clima en los grupos humanos, aún cruzada con la apocalíptica teoría de Malthus y sumada al "dejar hacer" heredado de los fisiócratas.
El ministerio de Agricultura tenía destacado algún agente forestal de su Oficina de Bosques y Yerbales, que en la cordillera cuidaba las fajas boscosas fiscales a los efectos de controlar su aserramiento autorizado y cobrar tasas que daban entre 3 y 4 mil pesos anuales al fisco.
Lo superaban los derechos de pasturas en tierras fiscales (en 1914 la Patagonia rindió en ese rubro 200.000 pesos a razón de 50 centavos de cabeza de ganado mayor y 10 el menor).
Las rozas de fuego de quienes querían provocar futuros espacios agrícolas o ganaderos eran controladas, y las clandestinas servían para las denuncias o para la crítica de los expertos, como lo dejó consignado el botánico Max Rothkugel ("Los bosques patagónicos", 1916) y denunció los incendios intencionales.
Uno en Blest que "se originó cerca de la casa del yerno del señor Eggers" y sucedió cuando Theodore Roosevelt pasó por el lugar y lamentó la humareda que tronchaba tanta belleza.
También el botánico -que trabajó en paralelo de la comisión Bailey Willis-, habló de los conflictos familiares en ese confín que atentaban contra el bosque o los que entre Nahuel Huapi y Traful parecían provocados el norteamericano Jones y el uruguayo Rickert, quienes, según Rothkugel eran vecinos que se inculpaban mutuamente pero que era "voz corriente en Bariloche" que estaban en entendimiento y procedían así para alternarse en el rodeo de algunos orejanos.

Opinión y duelo del perito

El 2 de febrero de 1903, súbitamente, el perito Francisco P. Moreno reapareció en Buenos Aires, cuando el plan era comenzar en el cerro Palique -justamente el día anterior- la demarcación y colocación de hitos junto con el árbitro inglés Holdich. La fatalidad que había perseguido a Moreno en los últimos años desde la muerte por tifus de su esposa María Ana Varela (en Santiago de Chile, el 1° de junio de 1897) acababa de golpearlo, curiosamente, también Chile. Estaba en Punta Arenas cuando recibió la noticia de la muerte de su hijita Juana María, se embarcó sin demora y una calesa en Buenos Aires lo llevó desde la planchada hasta su quinta de la calle Caseros.
Los periodistas lo esperaban porque Moreno traía detalles preciosos sobre la búsqueda y capturas de los presos evadidos de la Isla de los Estados, pero un fragmento de la charla -que también viene al caso sobre la explotación de los recursos naturales de la Patagonia- vale la pena reproducirlo. "¿No cree usted -preguntó el periodista- que ha llegado el momento de pensar en colonizar esos territorios?". Y agregó que "por la actitud que tomó el doctor Moreno antes de contestarnos, vimos que tocábamos su cuerda más sensible. Ya lo creo -contestó Moreno-, cuando se pueble la Patagonia habremos hecho más que incorporar una provincia nueva a la república: habremos creado una poderosa nación llena de vida y de riquezas en la cual hay campo y elementos para más de un pueblo; para toda la raza viril y poderosa. Lo único que hace falta son vías de comunicaciones rápidas y buenas, baratas y bien servidas, aseveró. Pero ya el ministro de Obras Públicas -observó el cronista- tiene en preparación un proyecto de ley que acaso será tratado este mismo año, disponiendo la construcción de un ferrocarril entre San Antonio y Junín de los Andes pasando por Nahuel Huapi que usted mismo ha prestigiado...".
Contestó Moreno: "Felicito al Dr. Civit (el ministro aludido). Es una idea de la más alta importancia cuyos beneficios se recogerán enseguida. Porque ha de saber usted -agregó- que en la Patagonia todo está listo para ser explotado, desde la riquísima madera de sus bosques hasta las producciones de sus minas, tan buenas como las mejores y las más célebres de la Tierra". Tras el duelo, Moreno volvería a hacerse cargo del Museo de la Plata.

Incubar es poblar

En esos primeros días de 1903 precisamente, el gobierno argentino contrató a John W. Titcomb, jefe de la División Piscicultura del Bureau Fhiseries de los Estados Unidos para que estudiara las aguas de la región andina patagónica y así aconsejara la cría de peces que correspondiera a cada zona para seguir con las demás del país (incluyó hasta la laguna de Chascomús). El científico pasó 9 meses de recorridas y en medio de su trabajo encargó el plantel de futuros salmónidos por el que, desde el puerto de Nueva York, salieron 1.205.700 embriones de cuatro clases diferentes embarcados el 19 de enero de 1904. Siguieron en alargada travesía hasta Buenos Aires y desde Constitución en tren hasta la estación Neuquén (meses antes del traslado capitalino) y en carros hasta Nahuel Huapi (tramo cruzado en tiempo récord) adonde llegaron el 4 de marzo de 1904.
Cuatro meses después -exactamente el 4 de julio- el vespertino El Diario que publicaba habitualmente las colaboraciones de Clemente Onelli, incluyó un informe oficial del piscicultor Titcomb a Agricultura. Apareció bajo el título "Piscicultura, truchas y salmones en el Nahuel Huapi". Decía Titcomb: "Mientras tenía en preparación mi informe elevado a esa división (por el buró nativo de Agricultura) el 1° de marzo próximo pasado en el que recomendaba la introducción de varias especie de salmónidos, se había dispuesto ya la importación de huevos de cuatro de esas especies, los que donados por los Estados Unidos mediante la cortesía del comisionado de "Peces y Pesquerías", el honorario Jorge U. Bowers, se hallaban ya en esa fecha en viaje desde Nueva York a Buenos Aires, vía Inglaterra. Me complace hacer saber a usted que esos huevos llegaron hasta los criaderos previamente preparados en Nahuel Huapi (no dice que construidos con la inestimable ayuda del vaquero Jarred Jones), en excelentes condiciones de conservación y con una pérdida que no alcanzó al 10 por ciento, resultado que para la historia del cultivo de pesca, debe considerarse como el mejor obtenido hasta la fecha en materia de transporte de huevos".
La nota señaló que los embriones salieron en pleno invierno desde los Estados Unidos, para cruzar el tórrido Ecuador y atravesar en Neuquén las "100 leguas de cálidos arenales, siendo incubados durante la estación más calurosa y opuesta a aquella en que hubieran incubado en sus condiciones naturales". Titcomb atribuye el éxito a los cuidados del piscicultor E. A, Tulián durante el viaje, muchas veces dentro de las cámaras frigoríficas en que venían los huevos. Una proeza.

Curiosidades

El martes 20 de enero de 1903 el vespertino porteño Tribuna publicó la entrevista que esa misma mañana le hizo al ministro de Interior Joaquín V. González recién llegado de su visita a Chubut. La charla comenzó mientras el ministro "se cambiaba de ropas y abría su equipaje" y en buena parte se centró, claro, en la población del lugar, la colonia de galeses "a quien tan mal se conoce" según el ministro. Si bien el presidente de la municipalidad de Gaiman no hablaba español -se enseñaba en 8 escuela de la colonia- "tienen simpatía por las instituciones y el suelo de sus hijos, pero conservan su idioma..." a veces con exclusividad, como el munícipe de Gaiman (Hugo Griffiths).
El ministro González admitió haber dejado en el Chubut algunas promesas. Una fue la construcción de canales y defensas contra el río para lo que estimaba una inversión de 20.000 pesos. También prometió a los galeses una línea telegráfica entre Trelew y Gaiman, la regularización de la entrega de títulos de propiedad sobre las chacras adjudicadas y la reparación del puente de Rawson sobre el río Chubut, roto durante la gran inundación de 1899.
El capitán de fragata Thwaites -pariente del perito Moreno- y los oficiales que lo acompañaron durante el estudio de navegabilidad de los ríos Negro y Limay y que trabajaban en el informe (y mapas) sobre el reciente viaje sureño -según diarios del 21 de enero de 1903- informaron que el personal técnico del arsenal naval confeccionaría bajo la supervisión de Thwaites planos de un vaporcito adecuado para navegar el Limay.
El Jueves 22 de enero del mismo año, el Tribuna dedicó un editorial a fustigar al ministro González por no haber escuchado durante su reciente gira por Chubut, el reclamo de los pioneros de la región.
El 25 de enero del año 3, el ingeniero Muraglia, director de la cárcel de Ushuaia, después de varios días de permanencia en Buenos Aires, aceptó conversar con los medios periodísticos y admitió tener un magro presupuesto para administrar aquel destino todavía en construcción: 2200 pesos por mes. La comida de los 26 empleados se llevaba 585 pesos y se construía el primer pabellón para alojamiento de penados, "de piedra y con techo azotea".

 

Cómo abortó la fuga de presos y asalto al banco

El descubrimiento del plan de evasión de 1905 en la primera cárcel de Neuquén, evitó crímenes y el robo a la sucursal del Banco Nación. Su gerente tuvo diferencias con el gobernador.

El plan de fuga del bandolero Benavídez con sus cómplices del presidio -y apoyo externo- mantuvo su fecha: el lunes 18 de diciembre de 1905. Al cabecilla le llegaban mensajes que respondía a través de la cuadrilla de presos menos peligrosos sacados para trabajos urbanos. El principal cómplice externo, Darío Zabala, bandido y ex presidiario en libertad, consiguió la tropilla que aguardaría en el cementerio con él a la cabeza. Compró en Linares y Cía. dos llaves para los candados que Benavídez necesitaba liberar para la fuga. El juez de paz suplente José Bruguera, su defensor en una causa de extradición de la que Abel Chaneton fue fiscal "ad hoc", consiguió las pertenencias confiscadas a Benavídez -un cuchillo y un revólver- y se las entregó a Zabala. Así Bruguera pasó a ser un cómplice que además traficaba mensajes.

Zabala consiguió la "changa" como peón albañil en el Banco Nación, sucursal a asaltar tras la fuga. Levantó un plano perfecto con la ubicación de la caja de hierro y datos importantes: a 250 metros distaba la comisaria y lindaban con el banco el hogar del jefe de policía, el juzgado de paz, la casa del juez y la del secretario letrado.

Fracaso en la noche

El plano lo escondió Cipriana Gatica. Tres puñales, varios revólveres, un Winchester y 200 tiros de Remington, los ocultaron otras cómplices: Sinforosa Robles, Teresa Hillot y Gregoria Moraga. El único que sospechó fue algo el husmeador comisario Taylor.

Benavídez repasó los pasos del 18: abrir los candados, degollar a su odiado celador Arturo Pérez, fugarse con sus cómplices, asaltar al banco y, finalmente, galopar sin respiro con la tropilla para cumplir otra venganza: asesinar a los Gómez de Ñorquín, causantes de sus últimas penurias. Le ingresaron alentadores envíos de Zabala: el recuperado cuchillo, un zuncho, las llaves y este mensaje: "Te mando 50 pesos. Todo listo, soy buen amigo. Hago economías".

El plan fracasó la noche del 12 al 13 de diciembre de 1905, cinco días antes de lo previsto. Al parecer fue interceptado un mensaje vía Zabala destinado al defensor. "Bruguera -rogaba- prométeme ayudarme hasta último momento" y que "En cuanto a Chaneton, lo

arreglaré yo". Esos textos, reproducidos por La Prensa, decían que "el señor Chaneton ha intervenido en la causa de extradición como fiscal ad hoc". ¿Cómo arreglaría Benavídez el incógnito asunto Chaneton? ¿Es que Chaneton ya corría peligro de vida una docena de años antes del episodio que lo abatiera en 1917?

Darío Zabala, pivote del cabecilla -también chileno como todos los cómplices a excepción del Bruguera-, fue apresado y confesó todo. En cambio Benavídez sentenció: "Es inútil. No les diré nada. Mátenme si quieren". Se le confiscó un cuchillo, un zuncho de barril, dos llaves, una cadena de oro, un billete de 50 pesos cortado en 24 partes y la carta del reciente envío de Zabala. Los presidiarios cómplices, Medina, Roco y Molina negaron el plan de fuga.

"Del sumario que instruye la policía sobre el conato de evasión de presos de que di cuenta, se desprenden gravísimos cargos contra el juez de paz suplente de la capital señor José Bruguera, defensor del bandolero Benavídez ...", publicó La Prensa del 15 de diciembre, que reclamó una cárcel segura y esposas y grilletes para los condenados.

El jefe de policía J. Rodríguez Spuch halló enterradas en casa de Zabala, cartas valiosas para el sumario. El sabueso Taylor descubrió el depósito de armas.

La tropilla policial

El suceso carcelario tuvo varias secuelas: sumarios, recargos de condena y el encausamiento de Bruguera. El gobernador Bouquet Roldán fue autorizado a comprar 40 caballos y el ministro del Interior extendió la medida en beneficio de las mal equipadas policías territoriales. El gerente de la sucursal, S. Hernández, elevó la nota del 15 de diciembre al "Presidente del Banco de la N. Argentina" R. Santamarina. Explicó que la fuga tronchada "en la madrugada del 13 del corriente" tuvo por objetivo asaltar al banco. Agregó que la cárcel tenía 80 penados y su custodia 35 conscriptos. Era el tercer intento de fuga y "han sido tomados presos siete individuos..." además de las armas, municiones "y un plano de la casa donde está instalado el Banco". Señalaba que la sucursal "no tiene seguridad de ninguna clase como lo ha visto el Sr. inspector Rosés".

Tanto le habían pedido los gobernadores al ministerio del Interior la instalación de un Banco, que la nota del gerente del Neuquén fue pasada al ministro de Hacienda José A. Terry. Este ofició a Interior y de allí se pidió un informe al gobernador Bouquet Roldán (expediente 7570, legajo 35, de 1905, Sala X del Archivo Gral. de la Nación).

La caligrafía de la contestación de Bouquet Roldán (firmaba también E. Talero) pertenece a Emilio Rodríguez Iturbide, como lo fueron todas las notas de gobierno en dos de los tres mandatos de Eduardo Elordi). Está fechada el 9 de enero de 1906 y descalifica argumentos del gerente del banco, ya que, la suble

vación preparada "por varios criminales alentados por la absoluta inseguridad de los galpones de zinc galvanizado en que se alojan, mientras el Superior Gobierno ordena la construcción de una Cárcel que responda a las necesidades del Territorio...no ha tenido por principal objeto el ataque al Banco como dicho empleado afirma. Alentaba el reemplazo de aquella cárcel para 60 presidiarios pero que alojaba 96, número que "el corriente mes de feria aumentará notablemente...y la probabilidad de que los fuertes calores reinantes desarrollen, por razón del hacinamiento, alguna epidemia que sería fatal".

El caso Villa Mercedes

Bouquet Roldán admitía que el plan incluía "atacar el Banco y algunas casas de negocio" para proveerse de dinero, ropas y más armas. Aclaraba que la sucursal estaba en una "casa común construida para habitación de familia" de material cocido y una cerca del mismo material con verja al frente que da a la calle". Para Bouquet Roldán bastaba con un sereno por las noches, "que respondiese de por sí y eficazmente a un caso remoto e improbable". Para una custodia, el gobernador exageraba para desestimar los reclamos del gerente bancario: 4 o 6 hombres y relevos cada 24 horas. Es decir, una cantidad de policías "con que una comisaría tiene que atender todo un Departamento del Territorio". Pedía prioridad para la cárcel, dotándola por lo menos de "una muralla de circunvalación" y ampliar sus instalaciones.

Pero 21 días antes de esta nota elevada por el gobernador, había sido asaltada la sucursal del Banco Nación de Villa Mercedes (el 19 de diciembre, es decir, un día después del planeado para el asalto en Neuquén). Después de Navidad -el 27-, el presidente del banco, R. Santamarina, debió requerir al ministro del Interior (expediente 153 del año 1906) "se establezca una vigilancia permanente en las sucursales que este Banco tiene establecidas en los Territorios Nacionales", detallándole las carencias y "el completo desamparo" en que se hallaban, aludiendo al suceso "que ha tenido lugar recientemente en la Sucursal Mercedes (San Luis) y otros hechos análogos". El 12 de enero el ministerio despachó una circular a los gobernadores de los 4 territorios patagónicos y a los de La Pampa, Chaco, Formosa y Misiones La única respuesta hallada en archivos y que cumplió el pedido del ministro, está fechada en Rawson el 3 de marzo de 1906, en el expediente 1652, legajo 8, del ministerio respectivo. La firmó Julio B. Lezana, aquél gobernador del Chubut que en una gira por "las cordilleras" bailó con Etta Place, la audaz integrante de la banda que asaltó la sucursal de Villa Mercedes.

Curiosidades

• Captura de Asencio Brunel. La Prensa del 28 de octubre de 1903 publicó un telegrama despachado el día anterior desde la Colonia 16 de Octubre, Chubut, dando cuenta de la captura del famoso "cuatrero" Asencio Brunel (otros diarios le acusaban de delitos más graves), que "desde quince años atrás tenía atemorizados a los pacíficos habitantes de la Patagonia con los robos de hacienda que se le atribuyen"

• Antecedentes de un bandido. Según la misma publicación, Brunel estaba en las inmediaciones de donde fue capturado pero la nieve caía sobre sus huellas y el meteoro despistaba a la policía. Sin embargo, una batida consiguió "hacer salir a Brunel del monte con el caballo cansado" Se había fugado de la cárcel de Rawson en 1895 y de otras cárceles del sur. Declaró que los 3 compañeros con los que llegó de Santa Cruz siguen hacia Nahuel Huapi. Con ese dato se alertó a las magras policías de Ñorquincó, Cholila y Nahuel Huapi.

• Proselitismo bancario. El gerente del Banco de la Nación (sucursal Trelew), señor Howard, recorre varias poblaciones para hacer conocer a los pobladores la existencia de la sucursal (La Prensa, 27 de octubre de 1903).

• Elogios para Beovide. En esta semana de hace un siglo, la región de Nahuel Huapi y adyacencias suscribieron adhesiones al juez Eduardo Beovide, contrariando las acusaciones que se le habían hecho por una actuación judicial En Paso Limay, por ejemplo (según La Prensa del sábado 24 de octubre de 1903), un grupo de vecinos firmó una nota apoyando al juez "en términos honrosos", señaló el matutino.

• Roca rionegrina. Los vecinos de General Roca dirigieron un telegrama al homónimo presidente de la República pidiéndole decrete que "esta colonia pase a depender de la gobernación de Río Negro".